Hacia dónde y con qué. En el último año se aceleró en Morón el proceso de deterioro del Estado municipal, el cual resulta imprescindible y urgente revertir. De los muchos aspectos críticos que exponen una gestión deficiente del intendente Lucas Ghi me detendré en uno: el de la administración de los recursos públicos.
Morón es un distrito con una vasta clase media, además de algunos segmentos muy pobres y otros con cuantiosos recursos excedentes. Los muy pobres y los muy ricos del partido no son muchos en relación a “los del medio”, pero se podría decir que sobreviven los vaivenes económicos. Los primeros suelen estar mal también en los momentos de prosperidad del país, aunque en esos tiempos aumentan sus ingresos y el acceso a programas del Estado, con lo cual mejora mucho su calidad de vida pero sin salir de la vulnerabilidad con la que conviven hace décadas. Los más ricos concentran más dinero en tiempos de “vacas gordas” y, con suerte, algunas migajas de su plusvalía derraman en más empleo o son retenidas por el Estado para su redistribución mediante políticas sociales y obra pública.
Entre unos y otros, Morón cuenta con una amplia clase media que fluctúa hacia arriba en los momentos prósperos y hacia abajo en las crisis. En la última década, tanto en este distrito como en todo el país, gran parte de ese segmento cayó por debajo de la línea de pobreza, generando la rareza de que muchas familias con empleo sean no obstante pobres y hasta indigentes.

El impacto fiscal del perfil clasemediero de Morón es claro. Cuando la situación general es buena o muy buena, ingresan al Municipio muchos recursos, porque los vecinos cumplen con el pago de la tasa de servicios generales y la actividad económica aporta más contribuciones desde el empresariado. Cuando adviene la crisis, con recesión, desempleo y caída del consumo, los ingresos públicos caen por falta de pago de los tributos.
A diferencia de distritos muy pobres, que siempre dependen de la asistencia externa provincial y nacional porque su nivel de cobrabilidad es bajo, o de los distritos muy ricos, que cuentan con tantos recursos que pueden amortiguar la situación declinante, Morón fluctúa mucho. Con un agravante político, que es regla en todos los estados pero que en los de este perfil socioecómico tiene un impacto preocupante: en los momentos de prosperidad, como hay más recursos y menos demanda social, el Estado tiende a expandirse con la incorporación de más servicios y personal por el excedente de dinero. Cuando llega la hora de las “vacas flacas”, la demanda social crece, porque más familias requieren asistencia social, sanitaria o educativa; pero los recursos escasean, porque como se dijo muchos sectores dejan de aportar al Municipio. Ahí es cuando el rojo crece y el Estado, como pasa ahora en Morón, se endeuda: con proveedores a los que no les paga, con empleados a los que les aplasta el salario o los despide y con la comunidad a la que deja de brindarle obras y servicios.
Se suele especular con algunas “soluciones” que seguro algún consultor le sopla al intendente a cambio de un contrato:
- No hay que ampliar la planta de personal ni los servicios en las buenas épocas.
- El excedente entre lo que entra en esos tiempos y el manejo austero del Estado debe destinarse al ahorro, previendo que lo guardado no pierda valor y sirva como fondo contracíclico para usar en las crisis.
- Hay que “alambrar” las prestaciones municipales para que no usen los servicios del distrito habitantes de otros partidos.
Se escuchan muchos consejos por el estilo, algunos obvios, otros desatinados y otros peligrosos.
A mi entender, las diversas variantes de esa visión fiscalista y conservadora invierten el problema. El criterio no debería ser cómo nos arreglamos con lo que tenemos; al menos no, en modo excluyente ni prioritario. El tema sería ver cómo organizar un Estado con los recursos necesarios para, en primer lugar, atender demandas y necesidades de la población; y luego generar cada día mejores condiciones de vida y más oportunidades para todos y todas. Es decir, pensar estratégicamente qué Municipio queremos en términos urbanísticos, productivos, económicos, sociales o culturales y, desde ahí, buscar los recursos para hacerlo posible tanto en etapas prósperas como en momentos de crisis económicas.
Lamentablemente, nada de eso hizo ni hace el intendente Lucas Ghi, rodeado ad libitum de exfuncionarios del Gobierno del macrista de Ramiro Tagliaferro. A contramano de la historia que iniciamos en Morón en 1999, el jefe comunal apuesta por el ajuste sobre la planta de personal (encima sesgado por la persecución política contra el kirchnerismo), el cierre de programas, la reducción de servicios, la anulación de obras públicas y el aliento a través de reels y visitas protocolares a algunos emprendimientos económicos. La mirada estratégica es ajena a la actual gestión, posiblemente porque Ghi vincule esa perspectiva a Sabbatella, quien en su primera actuación diseñó y puso en marcha el único plan de desarrollo a mediano plazo de Morón, que marcó los grandes cambios introducidos en este primer cuarto de siglo.
En cambio, este Gobierno inoculado de dirigentes de derecha apuesta a asfixiar a la comunidad y el Estado local, usando mal los recursos cada vez más escasos. De no ser por el bloque de concejales de Unión por la Patria que exigió sentarse a discutir la Ordenanza Fiscal e Impositiva 2026, Ghi habría avanzado con su proyecto de reducción de tributos a sectores empresariales privilegiados y el aumento regresivo de la Tasa de Servicios Generales. En la ansiedad irresponsable por afrontar de cualquier modo deudas gigantescas y cubrir las mínimas prestaciones, al titular del Departamento Ejecutivo no se le ocurrió mejor idea que intentar exprimir a los ya castigados sectores medios de la población, mientras mantiene abandonados a los más pobres y se pasea en eventos y ceremonias con los más ricos. No prosperó.
La caída sistemática del Coeficiente Único de Distribución de la coparticipación provincial destinada a Morón es un síntoma claro del mal manejo de las prioridades y la incapacidad de acción política frente a las autoridades bonaerenses. Entre 2006 -cuando Martín Sabbatella gobernaba el distrito- y hoy, el CUD pasó de 1,53% de la masa coparticipable a 1,08%. Es decir: los moronenses perdieron en 20 años más del 30% de la coparticipación que recibían del Estado provincial. En ese momento, Sabbatella no compartía el mismo espacio político que el gobernador Felipe Solá, mientras que hoy Ghi es un denodado militante del axelismo. La caída en el CUD está directamente vinculada a la caída en las prestaciones públicas y a la inhábil muñeca política de los “topísimos” gestores locales.
Morón necesita una fuerte revisión de su política fiscal que, como se dijo, debe ir de la mano de la definición de un plan de Desarrollo Estratégico. Hay que pensar hacia dónde queremos ir y cómo lograrlo. En eso están trabajando fuertemente las y los profesionales y trabajadores de Nuevo Encuentro excluidos por Ghi del Municipio, especialistas con décadas de formación y experiencia en la gestión pública, que actualizan sus ideas y proyectos teniendo de respaldo las muy buenas gestiones sabbatellistas.
Están -estamos- pensando qué hay que hacer y cómo lograrlo. Y no queremos esperar hasta el 2027 para ponerlo en práctica. Es urgente que el intendente detenga la persecución y el ajuste y se siente en un marco serio y responsable con nosotros y todos los sectores de Unión por la Patria para frenar esta debacle y recuperar ya mismo el rumbo de desarrollo inclusivo y estratégico que merece el Pueblo de Morón.
* Fernando Torrillate es:
Licenciado en Ciencias de la Comunicación de la Universidad Nacional de Buenos Aires
Ex Jefe de Prensa de Martín Sabbatella
Secretario de Prensa de Municipio de Morón hasta 2025





