Los restos de cuatro mujeres y cuatro hombres fueron recuperados en Loma del Torito, en Córdoba. La investigación combinó fotografías aéreas, testimonios y análisis forenses; con estas identificaciones, ya son 38 las personas reconocidas en el marco de la búsqueda.
El Juzgado Federal N.º 3 de Córdoba, a cargo de Miguel Hugo Vaca Narvaja, confirmó el viernes 23 de octubre la identidad de ocho personas desaparecidas durante la última dictadura. Sus restos habían sido recuperados en Loma del Torito, dentro de la Guarnición Militar La Calera, en la zona donde funcionó el centro clandestino La Perla. La nómina está integrada por Néstor Albino Acosta Ludueña, Pascual Delfín Ludueña Leyva, Claudio Norberto Nardini Lambir, Cecilia Alicia Pessina Libro de Ávila, Mónica Protti de Guillén, Mercedes del Valle Ramírez Agüero, María Luisa Salto Segovia y Juan Carlos Soulier Guillén. Con ellos, ascienden a 38 las personas identificadas en esta búsqueda.
Algunas crónicas difundieron nueve nombres junto con el anuncio. La diferencia se explica porque también mencionaron a Alejandro Ernesto Jesús Jerez Bodereau, cuya identificación ya había sido comunicada en agosto. Por eso, las ocho personas de esta nueva tanda son las enumeradas arriba; Jerez integra el total de 38, pero no las ocho identidades anunciadas ahora.
Una fotografía de 1979 condujo a la zona de búsqueda
El hallazgo fue resultado de una investigación judicial y científica, no de una aparición casual. En el expediente por enterramientos clandestinos, el geólogo Guillermo Sagripanti, consultor del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) e investigador de la Universidad Nacional de Río Cuarto, analizó una fotografía aérea tomada en julio de 1979. En ella observó alteraciones del terreno al sur de Loma del Torito; el equipo cruzó esa información con testimonios incorporados a la causa y con investigaciones históricas.
Las excavaciones comenzaron el 16 de septiembre de 2025. A los cinco días apareció el primer material: restos óseos aislados, no esqueletos articulados, dentro de sedimentos alterados. La campaña estuvo a cargo del Equipo Argentino de Antropología Forense, con la investigadora Silvana Turner al frente de las tareas en Córdoba y la colaboración de especialistas del Instituto de Medicina Forense del Poder Judicial provincial y de la Universidad Nacional de Río Cuarto.
Para devolverles un nombre a los restos, el Equipo Argentino de Antropología Forense estudió antropológicamente los elementos recuperados y seleccionó muestras para su laboratorio de genética forense. Allí se cotejaron los perfiles obtenidos con los aportados por familiares de personas desaparecidas. La combinación de análisis de campo, antropología, genética y documentación permitió establecer las identificaciones; los nuevos hallazgos de la campaña de 2026 siguen en proceso de recuperación y análisis.
Qué fue La Perla y quiénes la tuvieron a cargo

La Perla fue un centro clandestino de detención, tortura y exterminio que funcionó entre 1976 y fines de 1978, dentro de la Guarnición Militar de La Calera. Estaba ubicada sobre la Ruta Nacional 20, kilómetro 12,5, a unos 12 kilómetros al oeste de la ciudad de Córdoba, en el predio de la guarnición militar, frente a Malagueño.
Los restos hallados se recuperaron en Loma del Torito, dentro de la Reserva Natural Militar La Calera, en esa misma zona. Se estima que allí estuvieron cautivas entre 2.200 y 2.500 personas; la mayoría continúa desaparecida. La Perla formó parte del sistema represivo organizado por la dictadura y estuvo vinculada con otros centros, entre ellos Campo de la Ribera y el Departamento de Informaciones de la Policía cordobesa, conocido como D2.
En la cadena de mando, el III Cuerpo de Ejército —con jurisdicción sobre Córdoba y otras provincias— estuvo comandado por Luciano Benjamín Menéndez conocido como «La Hiena de la Perla», señalado por la Fiscalía como una de las máximas autoridades de la represión en la región.
En el plano operativo, intervino el Destacamento de Inteligencia 141 y su Grupo de Operaciones Especiales. La Fiscalía identificó entre sus jefes a Luis Gustavo Diedrichs y Héctor Pedro Vergez; Guillermo Enrique Barreiro estuvo a cargo de interrogadores y de una sección de ejecución, mientras que Jorge Exequiel Acosta fue señalado como jefe de operativos de secuestro. La megacausa La Perla–La Ribera–D2 juzgó los crímenes cometidos por integrantes de ese aparato represivo.
En la noche del 21 de agosto de 1984, Menéndez fue al Canal 13 para ser entrevistado por Bernardo Neustadt. Afuera, en la calle, había un grupo de Madres de Plaza de Mayo y unos muchachos que le gritaban «¡asesino, cobarde!». Entonces salió del auto, un Ford Falcon que lo sacaba del canal por la calle Lima, y los encaró, cuchillo en mano. Un cuchillo reglamentario que usan los paracaidistas, hasta que su hijo y un custodio lo detuvieron.

Detenido por delitos de lesa humanidad, fue indultado por el entonces presidente Carlos Menem en 1990, pocos días antes del juicio que lo condenaría.
Recién el 24 de julio de 2008, el Tribunal Oral Federal número 1 de Córdoba ciudad lo sentenció a «prisión perpetua, en carácter de coautor mediato, por el secuestro, tortura y desaparición de cuatro militantes del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT)» en 1977, y justamente en La Perla.
Vinculado a casi 140 causas por delitos de lesa humanidad, fue el militar con más condenas a prisión perpetua de la historia patria.
Los cuerpos encontrados en La Perla

Néstor Albino Acosta Ludueña
Néstor nació en Córdoba el 11 de diciembre de 1955 y era el mayor de cuatro hermanos. Su familia lo llamaba “Langosta”. Cursó la primaria en la escuela Monseñor de Andrea y terminó el secundario en el Instituto Superior de Comercio Arturo Capdevila en 1974. En su casa, recordó su hermana Nora, compartían una infancia sencilla, entre el patio, los frutales, los viajes en tren y la música: a Néstor le gustaba tocar la guitarra.
Como su padre, Sipriano Acosta, trabajó en el Ferrocarril Mitre y también estudiaba Arquitectura en la Universidad Nacional de Córdoba. Empezó a participar en la actividad gremial ferroviaria y fue referente de una lista opositora a la conducción de la Unión Ferroviaria. Lo secuestraron durante la madrugada del 16 de junio de 1976, en su casa de barrio Talleres Sud, delante de su madre y sus hermanos. Por su fecha de nacimiento y la fecha del secuestro tenía 20 años, aunque algunas crónicas consignaron 21.
Pascual Delfín Ludueña Leyva
Pascual nació el 29 de septiembre de 1946 en Comechingones, Córdoba. Trabajaba en Fiat Concord, donde era delegado sindical y representaba a sus compañeros. También era hincha de Belgrano: tramitó su carnet de socio pocas semanas antes del golpe de Estado de 1976 y recibió el número 14.104. Tenía 29 años cuando lo secuestraron.
Fue capturado la mañana del 24 de marzo de 1976 en su casa de barrio Patricios. Su familia, en particular sus hermanos Olga y Raúl, lo buscó durante décadas. En la conferencia de identificación, su sobrina Rosa Miriam Ludueña recordó que su abuela murió sin saber qué había ocurrido con él. La recuperación de sus restos permitió a la familia confirmar una verdad que había esperado durante medio siglo.
Claudio Norberto Nardini Lambir
Claudio nació en Buenos Aires el 28 de diciembre de 1941. Se radicó en Córdoba y trabajó en la empresa láctea SanCor, donde participaba de la actividad gremial. Su hermano contó durante el juicio de la megacausa que Claudio solía traducir los manuales en inglés que llegaban a la planta, un detalle que retrata su lugar cotidiano en el trabajo. Tenía 34 años al momento de su secuestro.
El 23 de abril de 1976, un grupo armado lo sacó de su vivienda, ubicada camino a Monte Cristo, en presencia de su madre, su hermano y su cuñada. Fue llevado a La Perla. En el proceso judicial se investigó su desaparición y se escucharon testimonios sobre su cautiverio; su hermano sostuvo durante la búsqueda familiar que Claudio era asmático y que habría muerto bajo tortura, una versión testimonial que debe atribuirse como tal.
Cecilia Alicia Pessina Libro de Ávila
Cecilia nació el 22 de octubre de 1948 en Río Tercero. Estudió en la Escuela Nacional de Comercio, se recibió de profesora de piano y luego se graduó como psicóloga en la Universidad Nacional de Córdoba. Quienes la conocieron la recordaron como una mujer estudiosa, serena y comprometida con las cuestiones sociales. Trabajó un tiempo en la casa de fotografía Moreno y escribió diarios y cuentos que su familia conservó.
Militaba en la Organización Comunista Poder Obrero. Estaba casada con Benjamín Ávila Alfaro y tenía una hija, Carolina. La secuestraron el 14 de agosto de 1976 en su casa de barrio Alto Alberdi, delante de la niña; sus padres buscaron ayuda y el padre de Cecilia también fue secuestrado y torturado en el D2. Benjamín había sido asesinado el día anterior. Cecilia tenía 27 años.
Mónica Protti de Guillén
Mónica nació en Río Cuarto el 1 de agosto de 1952. Se recibió de maestra normal en la Escuela Normal Justo José de Urquiza y se trasladó a Córdoba para estudiar Medicina en la UNC. Militaba en el Partido Comunista y, al momento de ser secuestrada, tenía 24 años y cursaba el último tramo de la carrera; también hacía prácticas de cirugía en el Hospital de Clínicas.
El 21 de septiembre de 1976, un grupo armado la secuestró de su casa de barrio Villa Belgrano junto con su compañero, Enrique Daniel Guillén, y ante la presencia de familiares. Según la reconstrucción que hizo su familia a partir de testimonios, ambos permanecieron cautivos alrededor de 45 días antes de ser trasladados. Enrique continúa desaparecido. La identificación de Mónica se logró a partir de un fragmento óseo de su pie izquierdo.
Mercedes del Valle Ramírez Agüero
Mercedes nació en Córdoba el 9 de marzo de 1954. Tenía 22 años, cursaba cuarto año en el Colegio Juan Larrea y trabajaba en un comercio de venta de lanas. También participaba de la militancia estudiantil. Su historia muestra que entre las víctimas identificadas había estudiantes jóvenes y trabajadores, además de delegados gremiales y universitarios.
La secuestraron el 3 de julio de 1976 y permaneció cautiva en La Perla. Algunas reconstrucciones indican que ese mismo día también fue secuestrado su hermano Antonio César Ramírez. Los responsables de su desaparición fueron juzgados en la megacausa La Perla–La Ribera–D2, cuya sentencia se dictó en 2016. Durante décadas, su nombre permaneció entre los de las personas cuyo destino seguía sin conocerse.
María Luisa Salto Segovia
María Luisa, a quien su familia llamaba Mara o Marita, nació el 8 de diciembre de 1955 en Cipolletti, Río Negro. Estudiaba tercer año de Medicina en la UNC y militaba en la Juventud Universitaria Peronista, vinculada a Montoneros. Tenía 20 años. Su hermana la vio por última vez el 27 de julio de 1976, cuando ambas viajaban en colectivo por Córdoba.
Al día siguiente, el 28 de julio, fue secuestrada en la vía pública y llevada a La Perla. A partir de testimonios de sobrevivientes, su familia reconstruyó que permaneció cautiva hasta fines de agosto. La confirmación genética permitirá que sus restos regresen a Cipolletti, donde su hermana espera reunirlos con los de sus padres y un hermano fallecido.
Juan Carlos Soulier Guillén
Juan Carlos nació en La Rioja el 1 de noviembre de 1952 y era conocido como “El Negro”. Su familia se instaló en Córdoba cuando él era chico. Desde adolescente trabajó como electricista en el negocio familiar; más tarde estudió Ingeniería en Construcciones en la Universidad Tecnológica de Córdoba y participó del centro de estudiantes. Militaba en los Comandos Populares de Liberación, agrupación que luego se fusionó con las Fuerzas Armadas de Liberación 22.
Se casó con Adriana María Díaz Ríos en 1974 y tuvieron un hijo, Sebastián. La noche del 15 de agosto de 1976, los secuestraron a los tres de su casa de barrio Villa Páez. Juan Carlos pasó por el D2 y luego por La Perla. Sebastián, que tenía cinco meses, fue recuperado por la familia; Adriana sigue desaparecida y él participa como querellante en la causa. La identificación de su padre puso nombre y destino a una búsqueda familiar de cinco décadas.
La búsqueda continúa
Las ocho identificaciones anunciadas en octubre corresponden a restos recuperados durante la campaña arqueológica de 2025. El Equipo Argentino de Antropología Forenseinició una segunda etapa de prospección y excavación en mayo de 2026 y recuperó nuevos restos dispersos que también deben ser estudiados. La causa sigue abierta, y los equipos forenses necesitan muestras genéticas de familiares para cotejar nuevos perfiles y avanzar con otras identidades.





