A las 19, el horror tenía una dirección concreta: la guardia del hospital de Ituzaingó, sobre la calle José Roca. Hasta allí llegaron una joven de 18 años, Camila Castro, con un disparo en el cuello, y su padre, con heridas de bala en ambas piernas. Los trasladaron efectivos del Comando de Ituzaingó en móviles policiales desde Barrio San Alberto. Para entonces, las preguntas podían esperar. Las heridas, no.
Los dos ingresaron al shockroom y recibieron atención de urgencia. La joven no sobrevivió, murió en una sala de luz tenue mientras el mundo caminaba a la noche fría del 8 de septiembre de 2026. Detrás de ese dato seco, oscuro, siniestro, una vida de dieciocho años quedó en el camino. Ningún expediente alcanza para contarlo, ninguna investigación es suficiente.
Una discusión en la reconstrucción del ataque
El novio de la víctima, Elías Barrionuevo, se dio a la fuga. Y ahora sólo lo busca la Policía y la Justicia. Nadie más en el mundo quiere saber de él. La pareja había discutido antes del ataque, de las balas inocentes, ingenuas, que fueron a dar al cuerpo de la joven. El agresor abrió fuego contra la joven y también contra su padre y huyó.
Una discusión, una noticia tormentosa, un ataque y al fin la muerte de naranjo en flor. Cómo se produjo el ataque y en qué orden fueron los disparos, no se sabe, pero casi que no importa. La historia es terrible. La vida se esfumó y el padre de la adolescente vio verla esfumarse.

Un padre herido y una investigación en marcha
El padre fue identificado como Jorge. Llegó al centro asistencial con dos heridas de arma de fuego: una en cada pierna. La información disponible no precisa su evolución clínica ni permite establecer en qué circunstancias fue alcanzado.
La Justicia investiga el episodio como un presunto femicidio y un ataque contra el padre de la víctima. Tampoco se informó en el texto disponible si el sospechoso fue detenido. Hay una joven muerta, un hombre herido y una secuencia que reconstruir. Las respuestas tendrán que llegar con las pruebas.





