La economía doméstica en Argentina ha cruzado un umbral crítico. Según un reciente estudio del Grupo Atenas, el menos de $60.000 diarios se ha convertido en la realidad técnica para el 90% de los hogares del país. Este monto es lo que queda en el bolsillo familiar únicamente después de liquidar compromisos ineludibles como vivienda, servicios públicos, transporte, educación y salud.
El dato es alarmante: en 2015, las familias disponían del 53% de sus ingresos para consumo libre, pero ese margen se contrajo drásticamente hasta apenas el 36% en la actualidad y solo les quedan menos de $60.000 diarios tras pagar gastos. Esta asfixia financiera no es un fenómeno nuevo, sino el resultado de una década de deterioro constante que hoy alcanza un punto de ebullición. Esto significa que el dinero destinado a la comida, la ropa o un simple momento de recreación es cada vez más escaso, obligando a recortes drásticos en la calidad de vida básica.
La pérdida del poder adquisitivo disponible, siendo de menos de $60.000 diarios, se ha profundizado en etapas sucesivas, afectando transversalmente a la sociedad. Desde la gestión de Mauricio Macri, pasando por el gobierno del Frente de Todos hasta la actual administración de Javier Milei, la tendencia no ha mostrado señales de recuperación significativa.
El desplome del ingreso disponible: una década de retroceso
El informe detalla una metamorfosis regresiva en el presupuesto de los argentinos. Mientras que hace menos de diez años el ingreso disponible permitía una mayor flexibilidad en el consumo, hoy los «gastos rígidos» devoran la mayor parte del salario. El peso creciente de las tarifas de servicios, los alquileres y el transporte ha dejado al 90% de la población con menos de $60.000 diarios de libre disponibilidad.
Específicamente, el relevamiento fija que el remanente exacto para este amplio sector es menos de $60.000 diarios. Con este dinero, un hogar debe cubrir todas las necesidades que no sean servicios básicos, salud o educación. Este escenario marca una vulnerabilidad extrema ante cualquier imprevisto económico o suba de precios en la canasta básica de alimentos.
La realidad del hogar medio: sobrevivir con $8.600 por persona
El estudio analizó un hogar tipo de tres integrantes con un ingreso mensual estimado de $1.224.733. Aunque la cifra parece elevada, tras descontar los gastos fijos, el grupo familiar dispone de apenas $26.758 por día de libre disponibilidad. Esto se traduce en aproximadamente $8.600 diarios por persona y menos de $60.000 diarios por grupo familiar.
El informe utiliza una «compra básica de referencia» para ilustrar la gravedad de la situación. Si ese hogar medio quisiera comprar hoy un kilo de asado, un kilo de pan, una gaseosa y un kilo de manzanas, el gasto consumiría prácticamente la totalidad de su ingreso disponible diario. Es decir, un solo almuerzo completo puede agotar el presupuesto de todo un día teniendo en cuenta que el restante es menos de $60.000 diarios.
Brecha social: la distancia entre el 10% más rico y el resto
La desigualdad se manifiesta con crudeza en los márgenes de maniobra financiera. Mientras que el 90% de los hogares lucha con el límite de menos de $60.000 diarios, el decil más alto de la pirámide social dispone de un margen promedio de $102.000 por jornada tras cubrir sus gastos fijos.
- Pobreza extrema: En la base de la pirámide, los hogares cuentan con apenas $7.900 diarios para subsistir tras pagar lo básico.
- Desigualdad: El 10% más rico de la población dispone de casi 13 veces más ingresos libres que el 10% más pobre.
- Alerta alimentaria: Unos 4,4 millones de personas (el 20% de los hogares pobres) tienen un ingreso disponible diario inferior al precio de un kilo de asado.
Consecuencias directas en el consumo y la calidad de vida
Esta contracción del ingreso libre tiene un efecto dominó en sectores clave de la economía. Al tener menos de $60.000 diarios, las familias desplazan consumos de vestimenta, calzado y esparcimiento para priorizar lo elemental: la comida. Sin embargo, incluso en el rubro alimentos se observa una migración hacia productos de menor calidad nutricional.
El relevamiento del Grupo Atenas advierte que esta estructura de gastos tan rígida quita dinamismo al mercado interno. Si la mayor parte del ingreso se va en pagar la luz, el gas o el transporte, no existe capacidad de ahorro ni de inversión, lo que mantiene a los hogares en un estado de alerta permanente ante la inflación.
¿Hacia dónde va el presupuesto familiar?
La tendencia actual sugiere que los gastos fijos seguirán presionando sobre el 36% del ingreso restante y quizas el panorama sea incluso peor que a menos de $60.000 diarios. La falta de una recuperación salarial que supere el ritmo de aumento de los servicios públicos y alquileres mantiene la advertencia sobre la fragilidad del consumo doméstico.
- Vivienda y servicios: Representan la mayor carga de la «mochila» de gastos fijos.
- Salud y Educación: Han registrado aumentos por encima del promedio, reduciendo el margen de ahorro.
- Transporte: Los recientes ajustes tarifarios impactan directamente en el presupuesto diario de los trabajadores.
Este panorama económico obliga a las familias a realizar una ingeniería financiera diaria para no caer bajo la línea de indigencia, en un contexto donde el kilo de carne ya es un lujo inalcanzable para millones de ciudadanos.





