En Argentina, cada 24 de marzo se conmemora el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, una fecha atravesada por actos, movilizaciones y también por una intensa circulación de contenidos en redes sociales. En ese contexto, año tras año resurgen distintas desinformaciones que buscan distorsionar el consenso construido en torno a los crímenes de la última dictadura cívico-militar (1976-1983) y erosionar el proceso de memoria colectiva.
La foto del Papa Francisco, puede que intente ridiculizarlo o realizar una chanza, pero llama a la sospecha de arranque y no se lo asocia a ningún personaje nefasto de la historia. Fue creada en Europa, algunos medios la creyeron y comenzó a circular hasta en tapa de publicaciones.
Uno de los ejes recurrentes del debate público gira en torno a la cifra de personas desaparecidas. En paralelo a las discusiones históricas y judiciales, suele viralizarse una imagen manipulada en la que se observa una supuesta pancarta de las Madres de Plaza de Mayo con la inscripción “9.000 desaparecidos”. La fotografía, sin embargo, ha sido desmentida en reiteradas ocasiones por verificadores y especialistas: se trata de un montaje digital que altera el contenido original con el objetivo de instalar dudas sobre el número de víctimas del terrorismo de Estado.

Además de las cifras, otro foco frecuente de desinformación apunta contra la identidad de los nietos recuperados por las Abuelas de Plaza de Mayo. En redes sociales circulan publicaciones que intentan sembrar sospechas sobre los procesos de restitución de identidad, pese a que estos se basan en pruebas científicas, investigaciones judiciales y el trabajo sostenido de organismos de derechos humanos. Estas narrativas buscan desacreditar décadas de búsqueda y uno de los procesos más reconocidos a nivel internacional en materia de derechos humanos.

En la misma línea, también se difunden contenidos que intentan deslegitimar la trayectoria de referentes históricas como las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. A través de recortes fuera de contexto, frases manipuladas o directamente falsas, se construyen relatos que apuntan a erosionar la legitimidad de estas organizaciones, cuyo rol ha sido central en la denuncia de los crímenes de lesa humanidad y en la preservación de la memoria histórica.
Otro tipo de publicaciones engañosas que suele reaparecer en esta fecha son las supuestas fotografías de dirigentes políticos actuales junto al dictador Jorge Rafael Videla. En la mayoría de los casos, se trata de imágenes adulteradas o sacadas de contexto, utilizadas para asociar figuras contemporáneas con el régimen militar sin evidencia real. Este tipo de contenidos apela al impacto emocional y a la viralización rápida, aprovechando la sensibilidad social que rodea a la fecha.

Especialistas en comunicación y verificación advierten que estas desinformaciones no son aisladas ni espontáneas, sino que forman parte de dinámicas más amplias de disputa por el sentido del pasado reciente. En un ecosistema digital donde la velocidad prima sobre la veracidad, estos contenidos encuentran terreno fértil para expandirse, especialmente en fechas emblemáticas.
Frente a este escenario, organismos de derechos humanos, periodistas y plataformas de fact-checking insisten en la importancia de contrastar la información antes de compartirla. La memoria, sostienen, no es solo un ejercicio del pasado, sino una construcción permanente que también se juega en el presente, en cada publicación, en cada dato que circula y en cada relato que se pone en discusión.






