El recuerdo de Héctor Anglada y su triste final después de «Pizza, Birra y Faso» y «Campeones». Antes de convertirse en una de las revelaciones del cine y la televisión durante la década del ’90 fue diarero, heladero, peón de albañil, bombero voluntario, lavacopas y cafetero.
El recuerdo de Héctor Anglada y su triste final después de «Pizza, Birra y Faso» y «Campeones». En los ’90, sorprendió a todos por su personaje en «Pizza, Birra, Faso» (1998). En ese film escrita y dirigida por Bruno Stagnaro e Adrián Caetano, Héctor Anglada hacía el personaje de «Córdoba», la contracara de la supuesta modernidad noventista: empresas transnacionales que venían a dar servicios eficientes, 1 peso 1 dólares y la venta de los activos del estado, como lo fueron sus empresas.
En ese contexto de Pizza con Champagne, Héctor Anglada era un pibe al borde la marginalidad forzado a robar taxis. Y que a a punto de ser padre, termina detenido por la Policía Federal pillado por la policía.
Este personaje le abrió un mundo insospechado de lo realista que fue la composición del personaje.

Héctor Anglada había nacido en Villa Carlos Paz, Córdoba, un 31 de enero de 1976 y había querido siempre la actuación hasta lograr pasar el casting de Pizza, Birra y Faso, lograr el papel de Córdoba y gracias a su actuación ganar el «Cóndor de Plata» como «Mejor Revelación Masculina».
Claro que antes tuvo una historia en la pantalla.
En 1992 grabó el corto «Vistete Carlos Paz», dirigido por Adrián Caetano que ya lo había «descubierto».
En 1994 grabó un segundo corto «Calafate» también dirigido por Adrián Caetano.
En 1995 grabó «Cuesta Abajo» con dirección por tercera vez de Adrián Caetano.
En 1997 participó de La Furia con el papel de Guardia bajo la dirección de Juan Bautista Stagnaro.
Y explotó en 1998 al grabar:
Pizza, Birra y Faso como Córdoba y dirigido por Israel Adrián Caetano y Bruno Stagnaro.

Mala Época en donde hizo del Pibe bajo la dirección de Mariano De Rosa, Salvador Roselli, Nicolás Saad y Rodrigo Moreno
La Expresión del deseo (miedo) dirigido por cuarta vez por Adrián Caetano.
En el 2000 actuó En el Camino en el que hizo de Moncho y fue dirigido por Javier Olivera.
En el mismo año hizo Bolivia como Héctor bajo la dirección por quinta vez de Adrián Caetano.

Y en 2001 el corto Los Hermanos Raimundo Deben Morir bajo la dirección de Chus Triviño.
Y ese mismo año hizo Herencia como Ángel bajo la dirección de Paula Hernández.
En televisión participó entre 1997 y 2001: R.R.D.T.; Gasoleros; Campeones de la Vida («Capilla», el amigo de Mariano Martínez), 22, El Loco y EnAnamorArte.

Nacido en el seno de una humilde familia cordobesa, y criado por una abuela a la que llamaba «mamá» junto a sus tres hermanos, Héctor Anglada atravesó media docena de oficios hasta abrazar la profesión de actor de manera casi azarosa.
Corría 1992 cuando Adrián Caetano, Héctor Anglada trabajaba en la sección mantenimiento de un hotel en Villa Carlos Paz cuando conoció a Adrián Caetano quien luego de algunos días de observarlo lo invitó a a participar del corto «Visite Carlos Paz». Y Anglada, aunque no tenía formación actoral, aceptó el desafío.
“La vida me enseñó actuación. En la calle se ve de todo y no tengo que pensar cómo se comporta un ladrón cuando entra a robar a una despensa”, admitía Héctor Anglada.
Cuando grabó La Furia e hizo el papel de guardicárcel declaró: «Es el peor papel que pude haber hecho; tengo amigos que están presos y todo el tiempo me acordaba de ellos; no sé, me podría haber tocado un papel de policía coimero, que a esos sí que los tengo bien registrados», contaba en una entrevista.
Radicado en Buenos Aires, prefería ir a la bailantas de Once antes que a los lugares donde había gente conocida del cine o la televisión.
En un programa de la televisión porteña, dijo que lo que estaba viviendo “lo sentía como un golpe de suerte” y que no le gustaba estudiar. «Lo hice sólo dos meses, con Norman Briski y dejé. Muchas veces no me gusta lo que hago, cómo me sale; pienso que podría haberlo hecho mejor”.

Con sus primeros ahorros, Héctor Anglada le puso a su abuela un quiosco para luego traerla con él al departamento que alquiló en el barrio Bernardino Rivadavia, en el Bajo Flores.
«Al tiempo de estar acá me empecé a sentir un poco solo; yo estaba acá, solo y mi mamá (la abuela que así le decía porque lo crío) sola en Córdoba; le pedí viniese y así nos acompañábamos”, narró.
Sobre «Pizza, Birra y Faso» dijo: «Creo que me dieron ese papel por mi look; yo nunca robé, ni fui un chico de la calle. La ficción es una cosa y la vida, otra».
Pero, a veces el Diablo mete la Cola, y una calurosa madrugada del 2 de marzo de 2002, en la Rotonda Los Pinos, en Burzaco, Municipio de Almirante Brown, murió atropellado junto con su amigo Juan Manuel Vendive por un colectivo de la Línea 318, quien se dio a la fuga sin prestarles asistencia. Viajaban en la moto de Vendive, una Honda 200. Tenía 26 años.
Su abuela/madre, sus hermanos y sus amigos ni siquiera pudieron encontrar el consuelo de la justicia, ya que luego de permanecer prófugo durante un año, el chofer del colectio Ramón Salazar, que les pasó por encima a él y su amigo, fue condenado por homicidio culposo agravado, un delito excarcelable y salió en libertad.
Eso fue losugestivo, ya que después de estar un año prófugo Zalazar haya llegado al juicio en libertad. El fiscal pidió cuatro años de prisión por el doble homicidio agravado y fue condenado a 3 años de prisión y 10 diez años de inhabilitación para manejar vehículos.
Como la pena era excarcelable, Zalazar quedó en libertad, pero debía cumplir “cuatro horas semanales” de servicios comunitarios, aunque una y otra vez fue denunciado por los familiares de la víctima por incumplir este régimen.
Héctor Anglada murió a los 26 años.
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