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(por Andrés Llinares).- La cuestión militar en Argentina es política, como es política en cualquier parte del mundo. Y si es política, es humana y si es humana irremediablemente falla. En Argentina, un país económicamente inestable, institucionalmente caótico e injusto por donde se lo mire, ni que hablar.

La cronología del «nuevo acontecimiento», el de involucrar las Fuerza Armadas en agresiones que «no solo son de carácter estatal militar» externas, comienza el 23 de julio con la firma del Decreto 683/18 por parte del Presidente Mauricio Macri.

Hablar en términos si es bueno o malo que las Fuerzas Armadas intervengan en problemas internos como el control del narcotráfico o la consolidación del territorio, es de carácter moral. Si es de carácter moral, no tiene que ver con el resultado, sino con el deber, un deber impuesto más allá de lo humano. Un deber trascendental y no inmanente. El concepto de deber es muy distinto al de responsabilidad. El deber explica la inexistencia de medios. Tengo un deber y lo cumplo. Es inherentes a la responsabilidad los medios con que uno cumple el objetivo. Por eso los militares argentinos en cada juicio por delitos de Lesa Humanidad hablan del cumplimiento del «deber» y no de que tenían una responsabilidad aunque a partir del 24 de marzo de 1976 terminaron de arrasar el país y al día de hoy son incapaces de reconocerlo.

No sólo generaron un genocidio, establecieron un plan económico que terminó quebrando el país e inventaron una guerra que perdieron. Nunca dijeron «nos equivocamos».

Como no hay un destino más allá de lo humano, nada indica que las Fuerzas Armadas deben actuar dentro del territorio nacional. Los dispositivos que la política construye tienen que ver con el resultado. Y acá reside el carácter político del Decreto 683/18 del Presidente Macri: un un cerrojo al electorado cautivo. El núcleo duro de Cambiemos.

Veamos la corta cronología. El decreto es el 23 de julio y dos días después, el bloque de concejales de Cambiemos Morón presente un Proyecto de Resolución expresando su «beneplácito» a la iniciativa del Presidente Mauricio Macri en el Concejo Deliberante.

Lleva las firmas de los concejales de Cambiemos Adriana Ortíz, Emiliano Catena, Leandro Ugartemendia, Juan Nardo, Rolando Moretto, María Eugenia Brizzi, Romina Fusco, Carlos Solía y Alejandra Liquitay.

¿Qué necesidad tenían? La de confrontar, obvio. Otra explicación no hay.

En una línea de pensamiento que es «Fuerzas Armadas igual a seguridad», el 25 de julio Cambiemos le dijo a Unidad Ciudadana, al GEN, al PJ y al Frente Renovador, o están de un lado o del otro en una respuesta rápida que se convirtió en ataque sorpresa.

A ver. El Presidente Macri firma el decreto por el cual las Fuerzas Armadas pueden realizar acciones dentro de territorio nacional. ¿Qué sabe Tagliaferro? Que Unidad Ciudadana, hegemonizada por Nuevo Encuentro, el espacio político que fundo la Casa de la Memoria y la Vida, lo va a salir a cuestionar.

Entonces sobreviene el ataque sopresa. El decreto de Macri es del 23 de julio. El 24 Tagliaferro piensa qué hacer. Y el 25 los concejales de Cambiemos presentan el Proyecto de Resolución en el que dicen que ven con «beneplácito»  la firma del decreto porque «amplía la protección nacional brindada por las Fuerzas Armadas».

Ese mismo día, dos acciones coordinadas. El intendente Ramiro Tagliaferro sale a bancar el Proyecto de Resolución con un tuit en el que dice: «Muchos de los que miraban para otro lado cuando gobernaban y permitían que el narcotráfico se instalara en la Provincia, hoy se rasgan las vestiduras por la colaboración de las FF.AA. Háganse cargo.»

No nombra a nadie pero le pega a todos, a todos los que integraron el Frente para la Victoria, hoy Unidad Ciudadana.

Horas más tarde de ese 25 de julio, la Presidenta del Concejo Deliberante, dijo: «Los hipócritas que ayer no decían nada de (César) Milani, los que esconden a los victimarios y encubridores que hoy son sus partidarios, no quieren que repensemos el rol de las Fuerzas Armadas ni que mejoremos la seguridad. ¡No tuvieron una iniciativa en 12 años!».

El «ataque coordinado» de las «fuerzas conjuntas» de Cambiemos (Departamento Ejecutivo y Concejo Deliberante) plantea dos líneas disintintas pero la misma dirección. La primera: Como se instaló el narcotráfico por su responsabilidad, muchachos de Unidad Ciudadana, tenemos que llamar a las Fuerzas Armadas, ¿y ahora critican a Macri? La segunda: Soportaron al represor Milani y sus seguidores porque fue elegido por Cristina mientras crecía la inseguridad, ¿y ahora cuestionan a Macri?

El ataque como defensa siempre da resultado, pero en medio de la pelea, Cambiemos Morón sabe que sale bancar al Presidente Mauricio Macri, paradójicamente, el principal rival de Cambiemos.

Pero Cambiemos Morón eligió, hace tiempo ya, participar de un lado y no del otro. Antes de soportar los cuestionamientos de Unidad Ciudadana, opta por explicar la necesidad que tiene el país de involucrar las Fuerzas Armadas en casos de narcotráficos y territorios inestables.

Llega el 26 de julio y se cumple un nuevo aniversario del fallecimiento de Eva Duarte de Perón. Ese ese mismo día se trata el «beneplácito» al Decreto 683/18 que «amplía la protección nacional brindada por las Fuerzas Armadas».

Las sesiones del Concejo Deliberante abren con la Banca Abierta y luego homenajes. Luego de la Banca Abierta, en la sesión del jueves 26 de julio habla la concejal Karina Godoy (PJ) y dice unas palabras sobre Eva Duarte, luego habla el concejal Claudio Román (UC) y también recuerda a Evita y le sigue el Presidente del Bloque de Cambiemos, Leandro Ugartemendia, que vira por completo con un reconocimiento a Gendarmería Nacional. Recuerda su creación en 1938 y le rinde homenaje.

En tan sólo 12 minutos pasamos de Evita a la Gendarmería.

No hubo gritos. No hubo escándalo. Pero quedó en evidencia la fuerte confrontación. Las versiones peronistas no hicieron otra cosa que repetir lo que hacen cada 26 de julio. Es la primera vez que escuchó, en este caso miro por YouTube, un homenaje a la Gendarmería Nacional.

Politizar el acontecimiento no resulta difícil en el país en el que vivimos. El Presidente Macri viste de política la introducción de las Fuerzas Armadas en la seguridad interior cuando lo piensa de otra manera. Para el Presidente Macri es el resultado de una ecuación simple pero real. ¿Dada la capacidad instalada cuál es el rendimiento? Cero. Entonces hay que aprovecharlas. Le asignamos un rol y las ponemos a trabaujar. Fin de la historia.

Pero el tema es traumático Presidente Macri. No hubo reconciliación nacional. Por el contrario, la relación de las Fuerzas Armadas con la sociedad civil sigue siendo mala. O hay tensión, o indiferencia o negación.

Los militares argentinos tienen sus propios lugares de residencia, sus barrios militares. Nadie sabe muy bien qué hacen. Explotan sus propios casinos y clubes, cuentan con equipos deportivos propios que compiten entre ellos, no sabemos si tienen expertos en alguna disciplina, no aparecen en los medios masivos, en medios más pequeños ni en las redes sociales excepto vía cuentas oficiales.

Los militares argentinos prefieren salir a la calle de civiles y que no los reconozcan antes que sujetarse a un debate con la sociedad civil.

Y el Presidente Macri acompaña ese gesto. Cierra el debate al firmar un decreto en vez de abrirlo como hizo con la interrupción voluntaria del embarazo.

Y Cambiemos Morón acompaña a Macri declarando el «beneplácito» en el distrito en el que se inició el golpe genocida del 24 de marzo de 1976 con el levamantamiento del Brigadier Jesús Cappellini en diciembre de 1975 y tuvo un Centro Clandestino de Detención llamado Atila en la Ex Mansión Seré.

Contra todo esto va Cambiemos. Y contra todo esto va Cambiemos Morón que tiene un coordinador y no un Director, de mínima, a cargo de la Casa de la Memoria y la Vida.

Las Fuerzas Armadas no generan confianza. Mi generación tiene grabada en la memoria a Videla, a Massera, a Agosti. Es el recuerdo simbólico, el recuerdo en el cuerpo.

¿Cómo evitar el miedo a las Fuerzas Armadas, a la posibilidad de la intervención interior, cuando el General San Martín terminó exiliado en Francia y todavía la democracia no pudo juzgar a los genocidas del Proceso de Reorganización Nacional?

¿Cómo confiar en las FF.AA. cuándo se entrenan para una guerra y los mandan a realizar tareas policiales?

A su vez, ¿el consenso, el debate,?

Tampoco generan confianza la Policía Bonaerense, ni la Federal, ni Gendarmería, ni Prefectura, ni los políticos, ni la Iglesia Católica, ni los periodistas entre los que estoy yo.

Pero la diferencia es que mientras yo soy capaz de escribir sesenta palabras en noventa segundos, en ese mismo lapso de tiempo un militar es capaz de armar un Fusil Automático Liviano. La diferencia esta clara, ¿no?

Cambiaron los hombres, las mujeres, pero las instituciones siguen siendo similares.

Entre 1983 y 1990, hubo cuatro alzamientos militares: 1) Pascuas de 1987; 2) Monte Caseros, Corrientes, el 15 de enero de 1988; 3) Campo de Mayo, 1 de diciembre de 1988; y 4) Ciudad de Buenos Aires, 3 de diciembre de 1990.

De los cuatro alzamientos militares, tres fueron durante el gobierno de Raúl Alfonsín y uno durante el de Carlos Menem.

Luego, la generación de militares apropiadores de bebés envejecieron, se retiraron de la fuerza, se quedaron sin vínculos, sin contactos.

Pero la nueva generación repite parte de los modos, las costumbres, las tradiciones. Se encuentran en completo aislamiento. Y como máquina de guerra sin conflicto bélico, viven de frustración en frustración. No hay medallas al valor.

Al cerrarse en sí mismas, son incapaces de sostener un debate. Y ante la imposibilidad de sostener un debate, se enguetan. Triste historia de un círculo que no rompen.

Cuando esto no ocurre, desfilan en las fechas patrias sin fuegos artificiales ni malabaristas al frente. Lo hacen de uniforme de combate y de fondo una marcha militar.

No tenemos debate y sin debate no hay reconciliación. Pero tampoco tenemos satélites, ni barcos, ni portaviones, ni identificación de huellas, ni reconocimiento fascial, ni radares (por respeto no menciono submarinos), ni la tecnología suficiente para detectar amenzas en el sistema de informático nacional, ni nada que hagan de las Fuerzas Armadas una organización eficaz.

Me encantaría antes de morirme, lo que puede ocurrir en cualquier momento, escuchar el debate entre las Fuerzas Armadas y las sociedad civil para que se consolide una política de estado. Representantes frente a representantes repasando la historia, qué hacen hoy y qué van a hacer y repensar, entre todos, qué hacer con hombres y mujeres armados preparados para morir y matar. Y si no se da, es por incapacidad.

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