Bajo una apariencia serena e inofensiva y amparada en un perfil falso de redes sociales, una mujer de 70 años montó una operatoria delictiva en el partido bonaerense de Ituzaingó.
Con la promesa de comercializar cadenas de oro de 18 kilates a valores sensiblemente inferiores a los de plaza, Liliana Beatriz Villarruel captó a compradores incautos que terminaron siendo víctimas de maniobras fraudulentas y, en al menos una ocasión, de un violento asalto a mano armada.
La acusada fue aprehendida en las últimas horas y, tras ser excarcelada por falta de antecedentes, sorprendió a la Justicia al pedir permiso para viajar a Misiones «a distenderse».
El expediente judicial se inició a partir de dos denuncias coincidentes radicadas en la zona oeste del conurbano bonaerense. De acuerdo con las fuentes de la investigación, Villarruel interactuaba en el desprestigiado Marketplace de Facebook bajo el seudónimo de «Beatriz Rosales». En ese espacio virtual publicaba alhajas a un valor que rondaba los 900.000 pesos, una cifra tentadora frente a los precios habituales del mercado formal.
El ardid y la emboscada
El primer episodio denunciado tuvo como escenario la calle 24 de Octubre al 800, en pleno centro comercial de Ituzaingó. La imputada arribó a la cita pactada con un trato cordial. Sin embargo, la situación cambió de forma drástica cuando el comprador advirtió in situ que la pieza ofrecida no era de oro auténtico.
Lejos de retroceder, entró en escena un cómplice que aguardaba a corta distancia como custodio de la mujer. El hombre exhibió un arma de fuego envuelta en una bolsa plástica y amenazó a la víctima: «Poné la guita acá, que estamos armados». Ante la intimidación, el comprador entregó los 900.000 pesos en efectivo y la pareja huyó rápidamente a bordo de un Chevrolet Corsa de color negro.
Días después, se concretó la segunda maniobra delictiva en las inmediaciones de la estación de trenes local, esta vez en el interior de un local gastronómico situado en Zufriátegui al 900. En este caso, la transacción de 880.000 pesos llegó a completarse, pero la damnificada descubrió la apocrifidad del metal precioso minutos después de retirarse del lugar, lo que motivó una inmediata denuncia por estafa.
Allanamientos y un planteo inverosímil
Ante la acumulación de indicios concordantes, intervino la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) N° 2 descentralizada de Ituzaingó, encabezada por la fiscal María Alejandra Bonini. Las tareas de inteligencia y análisis de comunicaciones permitieron desenmascarar la identidad real detrás del perfil digital y derivaron en un allanamiento en la vivienda de Villarruel.
Durante el operativo policial, la septuagenaria fue aprehendida y se procedió al secuestro de su teléfono celular, dispositivo que actualmente es objeto de peritajes forenses con el fin de determinar si existen más damnificados que no hayan acudido a las autoridades.
La fiscal Bonini formalizó la imputación por los delitos de estafa, tentativa de estafa y robo agravado por el uso de arma de fuego, constatándose además que la mujer carecía de autorización para la tenencia o portación de armamento. Pese a la gravedad de los cargos, la imputada recuperó la libertad ambulatoria debido a su avanzada edad, la falta de condenas previas y los límites procesales de la calificación legal.
La causa sumó un capítulo insólito poco después de su excarcelación: a través de una presentación formal ante el Ministerio Público Fiscal, Villarruel requirió autorización judicial para ausentarse de la jurisdicción y viajar junto a su pareja a las Cataratas del Iguazú, provincia de Misiones, con el propósito de «descontracturar». El planteo fue rechazado de plano por la fiscalía interviniente.





