Llegó de Italia a los seis años y fue la primera mujer que se recibió de bachiller en el Colegio Nacional de La Plata. Más tarde se convirtió en la quinta médica graduada en la Universidad de Buenos Aires (1907), tras los pasos abiertos por Cecilia Grierson.
Buenos Aires, entre el 18 y el 23 de mayo de 1910, en el marco de las celebraciones por el Centenario de la Revolución de Mayo, se celebró el Primer Congreso Femenino Internacional. Lanteri fue la secretaria general ejecutiva del evento, que reunió a delegadas de América y Europa para debatir sobre derechos civiles, políticos, educación y trabajo de las mujeres, dandose a conocer en los círculos políticos conservadores y radicales de la Ciudad de Buenos Aires de la época.
El 26 de noviembre de 1911, llegó a una mesa electoral en el barrio porteño de La Boca. Su nombre estaba en el padrón, aunque las mujeres todavía no tenían reconocido el derecho general al voto. Ya era una mujer adulta de 38 años.
La escena quedó registrada en una fotografía histórica: Lanteri, vestida de blanco y con sombrero, frente a una mesa rodeada de hombres. Allí ejerció un derecho que seguía vedado para la inmensa mayoría de las mujeres. La imagen acá publicada pertenece al Archivo General de la Nación y fue tomada en el atrio de la parroquia San Juan Evangelista.

El resquicio que le permitió entrar al padrón
La oportunidad surgió durante una actualización de los padrones municipales de Buenos Aires. Las condiciones establecían requisitos como ser ciudadano mayor de edad, residir en la ciudad y ejercer una profesión o actividad económica, pero no decían expresamente que el elector debía ser hombre.

Lanteri, se había nacionalizado argentina después de una disputa judicial y advirtió esa omisión. Así que el 16 de julio de 1911 se presentó para inscribirse y consiguió que la incorporaran al padrón. Y el 26 de noviembre de 1911 fue a votar concejales para renovar el Concejo Deliberante de la Ciudad de Buenos Aires en la mesa de la segunda sección electoral instalada en la parroquia de La Boca.
En 1911 todavía regía el antiguo régimen electoral argentino: voto cantado y padrones confeccionados por juntas electorales locales.
La mesa estaba presidida por Adolfo Saldías, historiador revisionista que había rescatado a Juan Manuel De Rozas y dirigente político de la Unión Cívica Radical. Justo esa mesa, amigable por cierto, le tocó a Lanteri y emitió su voto convirtiéndose en la primera mujer en sufragar en Argentina. Y hoy es reconocida como la primera sudamericana en hacerlo.

Una conquista que duró poco
Pero la reforma electoral de 1912, conocida como Ley Sáenz Peña, estableció el voto secreto y obligatorio. Aunque se presentó como una ampliación del sistema electoral. Pero el Congreso Nacional sancionó la Ley Sáenz Peña, atando el padrón electoral a la libreta de enrolamiento militar. Lanteri se presentó entonces en los cuarteles exigiendo realizar el servicio militar para enrolarse, solicitud que fue rechazada.
Así, la excepción que había permitido votar a Lanteri no se convirtió en un derecho para las demás. Ella perdió la posibilidad de volver a sufragar bajo ese sistema, pero siguió buscando caminos para participar en política.
Candidata a diputada sin votos de mujeres
Al no poder votar, analizó la Constitución y argumentó que si bien la mujer no podía votar, nada prohibía ser votada. Esta contradicción la llevó a fundar en 1919 el Partido Feminista Nacional y se postuló a diputada nacional bajo el lema «En el Congreso una banca me espera, llevadme a ella». Aunque solo votaban hombres, obtuvo 1.730 sufragios.
Al año siguiente se produjo la conocida huelga de las lavanderas y planchadoras a vapor de la empresa La Higiénica. Estalló a fines de 1919 y se extendió durante los primeros meses de 1920. Lanteri, ya con su Partido Feminista Nacional acompañó activamente el conflicto en los galpones y en las calles, articulando los reclamos sindicales por jornadas de ocho horas, mejores condiciones de salubridad e igualdad salarial.

Lanteri finalmente adoptó una militancia constance la abolición del trabajo infantil, la licencia por maternidad y la protección integral a las trabajadoras. Estas fueron el eje constante a lo largo de toda su vida pública, tanto en su etapa previa al voto como en las décadas posteriores.
Sin embargo, Lanteri falleció a los 58 años, dos días después de haber sido atropellada por un automóvil que huyó en Diagonal Norte y Suipacha en febrero de 1932, un episodio que generó sospechas debido a las amenazas previas que recibía por su militancia.
Lanteri caminaba por la vereda cuando un automóvil subió intempestivamente al cordón, marchando hacia atrás o maniobrando de forma errática a gran velocidad, y la embistió de lleno contra una pared o columna. El vehículo escapó de inmediato sin prestarle auxilio.
Gravemente herida con fractura de cráneo y múltiples traumatismos, fue trasladada al Hospital San Roque (actual Hospital Ramos Mejía). Y tras dos días de agonía, falleció el 25 de febrero de 1932.

La investigación de Adolfo de Alba y el diario El Mundo
Mientras la versión policial inicial intentó catalogar el suceso como un simple “accidente de tránsito con conductor a la fuga”, el periodista de investigación Adolfo de Alba, del diario El Mundo, comenzó a indagar por su cuenta y sacó a la luz datos clave:
- La patente y el conductor: De Alba rastreó el vehículo e identificó la chapa patente, lo que condujo al nombre del conductor: David Klappenbach.
- El prontuario del sospechoso: Klappenbach no era un automovilista común; contaba con antecedentes policiales y varios homicidios o hechos de violencia registrados en su haber.
- El borrado de pruebas: El informe policial sobre el incidente apareció tachado y adulterado. El nombre de Klappenbach y los datos del coche habían sido deliberadamente borrados del sumario de la Policía de la Capital.
El vínculo con la Liga Patriótica Argentina
El dato más alarmante de la investigación periodística fue la filiación de Klappenbach como integrante activo de la Liga Patriótica Argentina, un grupo de choque civil de extrema derecha, ultranacionalista y conservador. La organización tuvo una intensa actividad desde la Semana Trágica de 1919 y se fortaleció tras el golpe militar de José Félix Uriburu, en 1930, durante la llamada Década Infame.
Lanteri era un blanco directo para estos sectores:
- Era una mujer que desafiaba la moral tradicional, el orden patriarcal y la estructura legal vigente.
- Apoyaba abiertamente huelgas obreras, sindicatos de izquierda y reclamos socialistas.
- Se negaba a callar, pese a las constantes cartas anónimas y amenazas de muerte que recibía en los meses previos a su muerte.
Consecuencias e impunidad
A pesar de las revelaciones en la prensa, la causa judicial nunca avanzó contra Klappenbach ni contra posibles instigadores políticos. El caso quedó caratulado como homicidio culposo por accidente de tránsito y terminó archivado sin detenidos ni condenas.
El cortejo fúnebre de Lanteri congregó a más de mil personas, entre trabajadoras, dirigentes socialistas, universitarias y feministas. Su sepelio se convirtió en una manifestación de denuncia contra la impunidad y la violencia política del régimen conservador de los años 30.
Se promulga el voto femenino
Quince años más tarde, durante la primer gestión de Juan Domingo Perón, a instancia de Eva Duarte de Perón, en 1947, se promulgó la Ley 13.010, que reconoció los derechos políticos de las mujeres. La primera elección nacional en la que pudieron votar se realizó el 11 de noviembre de 1951.
Para entonces habían pasado cuatro décadas desde aquella jornada en La Boca. La fotografía de Lanteri frente a una mesa integrada por hombres conserva el momento en que una mujer hizo valer un derecho que las leyes todavía no reconocían de manera general.





