Durante septiembre, familias enteras participaban de una celebración que reunía a colegios, clubes, comercios, sociedades de fomento y vecinos. La fiesta no era exclusivamente estudiantil: durante semanas se construían carrozas, se organizaban espectáculos, se reunía dinero y se preparaban desfiles que recorrían distintos sectores de la localidad.

Una celebración que nació alrededor de la Galería Norte
La primera edición surgió en 1968, en coincidencia con la inauguración de la Galería Norte, en Castelar. La propuesta tuvo una fuerte repercusión entre los vecinos y, a partir de entonces, se conformó una comisión organizadora presidida por César Jaimes, músico folklórico integrante del dúo “Jaimes y Barraza”.
También participaron Santiago González, propietario de la Galería Norte, y Pablo Nicolás Frecero, vinculado a la Perfumería Karina, quien se desempeñaba como tesorero y se ocupaba de reunir auspicios para los catálogos impresos de los festivales.
Con el tiempo, los festejos se extendieron durante todo septiembre y transformaron sectores de Avenida Arias, Almafuerte y las inmediaciones de las vías del Ferrocarril Sarmiento en espacios de celebración.


Colegios, bandas y carrozas
Los registros de época muestran la participación de bandas de colegios locales, que recorrían la Avenida Arias, cruzaban las vías y acompañaban la caravana de carrozas. Sin embargo, las fuentes consultadas no permiten identificar con seguridad el nombre de todos los establecimientos educativos que participaron entre 1968 y 1971. El archivo menciona a la Escuela Primaria Nº 17 “General San Martín”, de Castelar Sur, y al Instituto Inmaculada, de Castelar Norte.
Además de las escuelas, competían clubes e instituciones de la localidad. Cada grupo diseñaba y construía una carroza con un tema propio, utilizando flores, cartón, madera, acrílicos, estructuras metálicas y elementos mecánicos.

Uno de los casos mejor documentados fue el del Club Mariano Moreno, cuyos integrantes construyeron carrozas en 1969 y 1970. En la primera edición presentaron una estructura con forma de pagoda, inspirada en culturas orientales y especialmente en Japón. La propuesta incluía un puente y butacas, y contó con la participación de una niña perteneciente a una familia japonesa que vivía cerca del club.
La mariposa cubierta con 25.000 claveles
La carroza más recordada fue la gran mariposa construida para la edición de 1970. El proyecto fue liderado por Guillermo Loureiro, un joven vinculado a la publicidad, las artes gráficas y las Bellas Artes.
La estructura tenía alas articuladas que se movían mientras avanzaba. Para conseguir ese efecto se utilizó el chasis de un automóvil y un sistema mecánico armado con el cardán y otros engranajes. También se colocaron ojos de acrílico, luces y elementos que imitaban la mirada compuesta de los insectos.
La carroza fue cubierta con más de 25.000 claveles naturales. El piso se revistió con material vegetal y toda la estructura quedó transformada en una mariposa floral que representaba a Castelar, la primavera y el Club Mariano Moreno.
La obra ganó el primer premio en Castelar y luego fue llevada a la Fiesta Nacional de la Flor de Escobar, donde obtuvo el primer premio en la categoría de flores naturales. El club recibió 100.000 pesos.
Para comprar los claveles, los vecinos “pasaron la gorra” entre comerciantes, socios y familias. La carroza no se construía solamente en un taller: era una tarea comunitaria en la que intervenían adultos, jóvenes y chicos del barrio, además de carpinteros, electricistas, mecánicos, floristas y voluntarios.

Los comercios que apoyaban la fiesta
La organización necesitaba dinero, materiales, flores, difusión y mano de obra. Por eso, los comerciantes de Castelar tuvieron un papel central.
Entre los apoyos documentados aparecen:
- Crédito Castelar, una financiera ubicada sobre la calle Arias, que impulsaba la participación de clubes, escuelas y comercios;
- Perfumería Karina, vinculada a Pablo Nicolás Frecero;
- Flores Orquídea, ubicada sobre la calle Buenos Aires, cerca del actual Banco Provincia de Castelar Sur;
- Flores Mauro, sobre la calle Arias;
- Galería Norte y Galería Miriam, espacios vinculados a distintas actividades de los festejos.
Los comerciantes no solamente aportaban dinero. También colaboraban con materiales, publicidad, organización y apoyo logístico. Parte de esos aportes quedaba registrada en los catálogos impresos de los festivales.

Reina, princesas y desfiles de moda
La primavera también tenía su ceremonia de belleza. Durante los festejos se elegía una reina de la Primavera y dos princesas. Una de las ganadoras documentadas es María Victoria González, quien en aquella época trabajaba como empleada en la Perfumería Karina. La reina participaba de los desfiles y era trasladada en vehículos especialmente preparados.
Una fotografía conservada en el archivo de Pablo Frecero la muestra sobre el capó de un automóvil de la Perfumería Karina, durante una caravana por las calles de Castelar.
Los desfiles de moda se realizaban en una pasarela montada sobre Almafuerte, frente a la Galería Miriam y la Sociedad de Fomento. También se organizaban actividades en la Galería Norte.
Por esas pasarelas pasaron figuras conocidas de la época, entre ellas Raquel Satragno, Liliana Caldini, Chunchuna Villafañe, Noemí Sanguinetti, Dora Inés Luy y Marcelo Sicilia.
En las fotografías también aparecen jóvenes con uniformes similares a los de las porristas. Sin embargo, no hay evidencia de que fueran equipos escolares organizados como los estadounidenses. Se trataba, aparentemente, de cuadros de animación y presentación vinculados a desfiles, concursos juveniles, clubes y espectáculos de moda.
Música, concursos y automóviles
La programación incluía desfiles de carrozas florales, recitales, concursos y actividades sociales. Entre las propuestas documentadas se encontraban:
- elección de la reina y dos princesas;
- desfiles de moda femenina y masculina;
- concursos folklóricos juveniles;
- concurso de manchas denominado “Castelar Ciudad”;
- recitales y espectáculos artísticos;
- participación de bandas escolares y militares;
- caravanas de automóviles;
- almuerzos, bailes y reuniones sociales;
- sorteos de automóviles Ford Falcon 0 kilómetro.
Los registros mencionan actuaciones de Jorge Cafrune, El Chango Nieto, Daniel Toro, Enrique Dumas, Huanca-Huá, Alta Tensión, Marca Registrada y Los Bombos de Oro, entre otros artistas.
Según el relato de Frecero, el día en que debía presentarse Jorge Cafrune, el cantante se enfermó y no pudo subir al escenario. Sin embargo, permaneció durante toda la noche contando historias. Enrique Dumas, al cobrar su actuación, habría comentado: “Esto es una fiesta fabulosa. Esto no existe en ningún lado”.
La banda de Patricios y una orden en pantuflas
Uno de los episodios más recordados fue la participación del Regimiento de Patricios.
La banda debía cruzar el paso a nivel de la estación de Castelar, pero un capitán se negaba a desfilar porque, según dijo, “no había nadie en la calle”. Ante esa situación, un vecino fue a buscar a un coronel que vivía en el barrio.
El militar llegó en pantuflas y ordenó que la banda saliera. “Ya la tiene”, habría respondido. Finalmente, los músicos desfilaron hasta la Plaza de los Españoles, continuaron por Arias y luego participaron de un almuerzo en el Club Argentino de Castelar.

Los clubes eran el corazón de la celebración
Los clubes Argentino de Castelar, Castelar y Mariano Moreno funcionaban como sedes de almuerzos, reuniones, bailes y actividades sociales.
El Club Mariano Moreno tuvo un papel especialmente destacado por la construcción de sus carrozas y por la participación de socios, vecinos y familias. La preparación podía demandar varias semanas de trabajo y requería diseñadores, carpinteros, electricistas, mecánicos, floristas y voluntarios.
La celebración expresaba una forma de organización comunitaria en la que cada institución aportaba sus recursos y sus conocimientos.
¿Por qué no había murgas?
La ausencia de murgas en los desfiles de primavera de Castelar parece explicarse por el propio formato de la celebración. No se trataba de un carnaval, sino de una fiesta familiar y comercial, centrada en las flores, las carrozas, las bandas, los concursos, los recitales, las pasarelas y la elección de la reina.
Además, los festejos se desarrollaron durante la dictadura de la Revolución Argentina, entre 1966 y 1973, un período marcado por la intervención de centros estudiantiles, la censura y el control de distintas expresiones culturales y políticas.
La murga del Área Metropolitana estaba fuertemente asociada al carnaval y a expresiones barriales y estudiantiles que, durante esos años, enfrentaban restricciones y desincentivos. Por eso, la estética de Castelar se vinculaba más con la fiesta institucional, comercial y familiar que con la sátira social característica de las murgas posteriores.
¿También se festejaba en Morón, Haedo, Villa Sarmiento y El Palomar?
Con la información disponible, los desfiles de carrozas florales con un programa que incluía reina, princesas, bandas, concursos, recitales y pasarelas aparecen documentados principalmente en Castelar.
No hay registros suficientemente precisos que permitan afirmar que, entre 1968 y 1971, se haya realizado una celebración idéntica y organizada con la misma escala en Morón, Haedo, Villa Sarmiento o El Palomar.
Eso no significa que en esas localidades no se festejara la primavera. Es posible que existieran celebraciones escolares, bailes, reuniones en clubes, picnics o actividades barriales, pero hasta el momento no aparecen documentadas con el mismo nivel de detalle.
Durante esos años, todas las localidades formaban parte del Partido de Morón, aunque cada una tenía sus propios clubes, sociedades de fomento, comercios y espacios de encuentro.
Una fiesta que quedó en la memoria
Los festejos de primavera de Castelar fueron mucho más que un desfile. Fueron una expresión de la vida comunitaria de aquellos años: los clubes organizaban, los comercios aportaban, las escuelas participaban, las familias construían y los vecinos salían a la calle.
La imagen de las carrozas avanzando por Arias, las bandas escolares cruzando las vías, la reina saludando desde un automóvil y las flores cubriendo estructuras artesanales forma parte de una época en la que la celebración popular se construía con tiempo, trabajo y participación vecinal.
La gran mariposa de claveles del Club Mariano Moreno resume aquel espíritu: una obra nacida en Castelar, construida por sus vecinos y capaz de competir con éxito en la Fiesta Nacional de la Flor de Escobar.
Con el paso del tiempo, los desfiles dejaron de realizarse. Las fuentes locales atribuyen su desaparición a la falta de seguridad, al escaso tiempo y recursos de vecinos y comerciantes y a la ausencia de apoyo municipal en décadas posteriores. Pero las fotografías y los testimonios conservados por el archivo de Castelar Digital mantienen viva la memoria de aquella primavera en la que todo un pueblo salía a festejar.





