Tenía 19 años cuando fue enviado a combatir en la Guerra de Malvinas. Regresó, atravesó una posguerra que describió como silenciosa y difícil, formó una familia, buscó refugio lejos de la gran ciudad y terminó radicándose en Pinamar.
Más de cuatro décadas después, Eduardo Canitrot regresó a las islas y volvió a recorrer Puerto Argentino con una bandera argentina. No fue solamente el viaje de un veterano: fue el regreso de aquel conscripto que en 1982 había llegado a Malvinas sin saber cómo sería posible volver.
Canitrot volvió a las islas en agosto de 2026. Recorrió Puerto Argentino, visitó el Cementerio Argentino de Darwin y llevó consigo la bandera argentina. El viaje tenía además una dimensión personal: regresar al territorio donde había combatido y cumplir una promesa vinculada con aquellos días. Pero para entender la escena hay que volver al principio.

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Eduardo Canitrot tenía 19 años cuando fue a Malvinas
En 1982, Eduardo Canitrot era un soldado conscripto de apenas 19 años. Integraba el Batallón Logístico 10, con asiento en Villa Martelli, una unidad del Ejército Argentino que fue desplegada durante la guerra.
Su condición de integrante de una unidad logística no significó permanecer al margen del conflicto. Las unidades de ese tipo debían garantizar abastecimiento, transporte, mantenimiento y funcionamiento de una estructura militar sometida progresivamente al bloqueo británico, los bombardeos y la creciente escasez.
Más de cuarenta años después, Canitrot continúa presentándose ante estudiantes y vecinos para contar aquella experiencia. En 2024, por ejemplo, participaba junto a otros veteranos de Pinamar de encuentros en escuelas e instituciones para transmitir lo sucedido durante la guerra.
La guerra terminó el 14 de junio de 1982 con la rendición de las fuerzas argentinas en Puerto Argentino. Pero para muchos de quienes regresaron al continente hubo otra guerra que recién comenzaba. Era la posguerra.

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«Nuestra posguerra fue en silencio»
Canitrot habló públicamente sobre ese período. En 2007, al cumplirse 25 años de la guerra, participó de un trabajo de La Nación dedicado precisamente a contar qué había ocurrido con aquellos jóvenes después de Malvinas. Su testimonio fue particularmente duro.
«Nuestra posguerra fue en silencio, fue sólo nuestra; es otra marca muy grande que tenemos», recordó.
También contó que determinadas situaciones límite podían devolverlo mentalmente al pasado y que había momentos de la guerra que resultaban imposibles de borrar. No dijo que Malvinas hubiese desaparecido de su vida. Dijo prácticamente lo contrario.
«Cuando saltan los bajones volvés para atrás», explicó al describir lo que significaba convivir con aquellos recuerdos.
Se fue de la ciudad buscando tranquilidad
La guerra también modificó el lugar donde quería vivir. Canitrot contó que llegó un momento en que sintió la necesidad de mudarse. Su explicación permite entender, al menos en parte, cómo terminó construyendo su vida en la costa bonaerense: necesitaba alejarse del ritmo de la ciudad y encontrar otro entorno después de una experiencia que había ocurrido cuando todavía era prácticamente un adolescente.
«Mi vida fue muy difícil», reconoció en aquella entrevista. Y puso a su familia en el centro de la recuperación: «sé que tengo que seguir adelante por ellos». Por eso resulta difícil hablar de una «recuperación» absoluta.
Canitrot siguió adelante, construyó una familia y desarrolló una vida pública y profesional, pero nunca presentó la guerra como un episodio cerrado y olvidado. Su relato describe más bien un aprendizaje para convivir con aquello que no puede borrarse.

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Malvinas terminó convirtiéndose también en una causa pública
Con los años, Canitrot se convirtió en una de las referencias de los veteranos residentes en Pinamar. Presidió la Asociación de Veteranos de Guerra Puerto Argentino y participó durante años de homenajes, actividades educativas y actos por Malvinas. En 2019, por ejemplo, compareció ante el Concejo Deliberante como representante de la Asociación de Veteranos para acompañar el reconocimiento de excombatientes del distrito.

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En 2023 todavía aparecía públicamente como presidente de esa asociación durante el acto realizado en la Plazoleta 2 de Abril de Ostende.
La Municipalidad y el Concejo Deliberante también reconocieron formalmente a los veteranos residentes en el distrito, entre ellos Eduardo Canitrot, dentro de una política local de homenaje a quienes participaron de la guerra.
De veterano de guerra a funcionario municipal
La otra parte de su vida transcurrió dentro del Estado municipal. Canitrot lleva muchos años relacionado con la administración de Pinamar. En 2011 figuraba como director del Cementerio Municipal.
Años después ocupó responsabilidades en Desarrollo Social y en 2020 fue designado asesor ad honorem del Departamento Ejecutivo para articular gestiones con organismos provinciales y nacionales. Su recorrido político y administrativo atravesó distintas etapas de la política pinamarense.
En la actualidad es Secretario de Desarrollo Humano de la Municipalidad de Pinamar, función desde la que trabaja especialmente sobre situaciones de vulnerabilidad social. En Junio de 2026 participó, por ejemplo, de una capacitación provincial sobre derechos de niños y adolescentes en representación del Municipio.
También se ocupa de una realidad bastante menos épica que Malvinas: alimentos, abrigo, colchones, garrafas y asistencia a familias y adultos mayores con dificultades económicas. En mayo de 2026 advertía públicamente sobre el crecimiento de la demanda social entre los jubilados de Pinamar.

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¿Pinamar tiene un gobierno peronista o libertario?
Ninguno de los dos. El intendente de Pinamar es Juan Ibarguren, dirigente del PRO y continuador de la administración que encabezó anteriormente Martín Yeza. Aunque el escenario político nacional acercó durante los últimos años a sectores del PRO y de La Libertad Avanza, Ibarguren no es un intendente libertario.
De hecho, en junio de 2026 tomó posición pública sobre el tema y sostuvo que el PRO debía conservar su identidad y no fusionarse con La Libertad Avanza, aunque defendió la necesidad de colaborar institucionalmente con el gobierno nacional.
El mapa político local es además bastante fragmentado. En el Concejo Deliberante conviven actualmente bloques de La Libertad Avanza, PRO/Juntos por el Cambio, Fuerza Patria y Unión por la Patria, entre otros.
Canitrot, por su parte, viene desempeñándose como funcionario municipal desde administraciones anteriores y su trayectoria dentro del Municipio excede ampliamente el actual alineamiento político nacional.
La polémica también formó parte de su vida pública
Su recorrido municipal no estuvo exento de conflictos. Durante su paso por Desarrollo Social fue cuestionado por medios locales y protagonizó controversias vinculadas con su situación previsional como veterano y funcionario municipal. Una publicación de 2017 recogió cuestionamientos sobre un adelanto jubilatorio que había comenzado a percibir años antes y sobre su posterior reincorporación al Municipio.
Es una parte menos conocida de su historia, pero también integra la biografía pública de un hombre que, después de la guerra, se convirtió durante décadas en protagonista de la vida institucional de Pinamar.
Correr como una manera de seguir adelante
Hay además otro Eduardo Canitrot. El corredor. Con los años se convirtió en un apasionado del atletismo y especialmente de las carreras de montaña. En una extensa entrevista realizada en 2025, su historia fue presentada precisamente desde esa combinación: Veterano de Malvinas, funcionario público y corredor de montaña.
El deporte aparece allí relacionado con su proceso de superación y con la manera en que transformó la experiencia de la guerra en un motor para continuar viviendo. Por eso la imagen de 2026 adquiere otra dimensión. Canitrot no simplemente camina por Malvinas. Corre. Y mientras corre lleva la bandera argentina.
¿Qué piensa Eduardo Canitrot de la paz?
Su posición quedó expresada públicamente mucho antes de este último viaje. En un acto realizado en 2009 en Ostende, Canitrot recordó a sus compañeros muertos y abogó por la paz y por el reencuentro entre los argentinos.
Catorce años después volvió sobre la misma cuestión, esta vez con una pregunta incómoda. Durante el acto por Malvinas de 2023, después de hablar sobre su experiencia, interrogó públicamente a un sacerdote sobre por qué se bendicen las armas si se habla de paz.
No parece una reflexión menor viniendo de alguien que sabe qué ocurre después de que esas armas comienzan a disparar.
Canitrot reivindica la memoria de los combatientes, sostiene el reclamo argentino sobre las islas y dedica parte de su vida a «malvinizar», pero sus intervenciones públicas conocidas no presentan la guerra como una aventura deseable. Su propia biografía demuestra el costo.
¿Y qué piensa de los ingleses?
Aquí conviene hacer una distinción. No aparece en las fuentes públicas consultadas una declaración reciente de Canitrot que permita atribuirle un sentimiento de odio hacia el pueblo británico. Tampoco sería correcto deducirlo simplemente por haber combatido contra las tropas del Reino Unido.
Lo que sí aparece con claridad es una reivindicación persistente de la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas, de sus compañeros y de los soldados argentinos muertos durante el conflicto.
Y también aparece otra idea: la paz. Esa combinación —reclamar las islas sin convertir la guerra en un horizonte deseable— atraviesa buena parte de las intervenciones públicas del veterano.
Darwin y los que no regresaron
Hay un lugar en Malvinas que resume mejor que ningún otro esa contradicción. El Cementerio Argentino de Darwin.
Allí descansan los soldados argentinos muertos durante la guerra. Para cualquier veterano que regresa a las islas, Darwin no es simplemente un sitio histórico. Es el lugar donde permanecen quienes tuvieron 18, 19 o 20 años en 1982 y nunca pudieron volver a sus casas.
Canitrot llegó allí nuevamente en este viaje de agosto de 2026 para cumplir una promesa realizada durante la guerra.
El hombre que llegó a Malvinas siendo un conscripto de 19 años regresó más de cuatro décadas después convertido en esposo, veterano, dirigente de sus compañeros, funcionario municipal y corredor.

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Eduardo Canitrot volvió a correr por Malvinas
Quizás por eso su corrida tiene una potencia que no necesita demasiadas explicaciones. Hay una carretera. Alrededor está el paisaje áspero de las islas. Y en medio de ese paisaje corre un hombre. Ya no tiene 19 años.





