Entre la puesta de sol del 22 y la del 24 de septiembre de 2025, la comunidad judía celebra Rosh Hashaná, el Año Nuevo Judío, marcando el inicio del año 5786 según el calendario hebreo.
Esta festividad de dos días, que coincide con el 1 y 2 de Tishrei, da comienzo a un período de reflexión y renovación espiritual.
Tishrei (también Tishri) es el primer mes del año civil hebreo de 30 días de duración y se caracteriza por ser el mes más sagrado del calendario del calendario judío ya que incluye festividades fundamentales Rosh Hashaná (Año Nuevo Judío), Yom Kipur (Día del Perdón) y Sucot (Fiesta de las Cabañas), que celebran la creación del mundo y marcan un tiempo de reflexión y unión.
Rosh Hashaná, que significa «cabeza del año», se celebra con tradiciones profundamente significativas. Entre ellas, el toque del shofar, un cuerno que se hace sonar 100 veces, simboliza el despertar espiritual. Las familias se reúnen para compartir cenas rituales con alimentos simbólicos como la manzana con miel, deseando un año dulce y próspero.
Más allá de la celebración, Rosh Hashaná es también un tiempo de introspección. Según la tradición, es el Día del Juicio, en el que se evalúan las acciones del año que pasó. Por ello, se intercambia el saludo «Shaná tová», que significa «buen año», y puede ir acompañado de la bendición en hebreo «Leshaná tová tikatev vetejatem», que se traduce como “que seas inscripto y sellado para un buen año».
Pese a todos los saludos de paz frente al Año Nuevo, una comisión de la ONU concluye que Israel tiene la «intención clara y consistente» de desplazar por la fuerza a la población palestina tanto en Cisjordania como la Franja de Gaza, así como ejercer un «control permanente» sobre el enclave palestino de cara a una posible anexión del territorio gazatí.
A su vez, no encontró «ningún argumento razonable» que sustente el establecimiento de corredores como el de Filadelfia o el de Morag y una zona de amortiguación ampliada en Gaza -que constituye el 75 por ciento de su territorio- por parte del Ejército de Israel.

También dijeron que «la extensa destrucción y fragmentación del territorio» gazatí, así como la destrucción de recursos naturales e infraestructura esencial debido a los «ataques sistemáticos» en el enclave han hecho que los residentes no puedan regresar a sus hogares, lo que ha allanado el camino para que numerosos funcionarios israelíes hayan argumentado que hay que deportar a la población palestina a terceros países.





