Yuyo Barragán abrió el camino y todo comenzó porque tenía una novia en Caracas, Venezuela, a quien deseaba visitar con mayor frecuencia. En esa época descubrió que el sistema de ventas de Aerolíneas Argentinas funcionaba mediante un teletipo o telex y aprendió a manejarlo para emitir pasajes a su favor sin que quedaran registrados en la sucursal. Hasta allí, la maniobra podía parecer sencilla: Barragán era gerente de una sucursal y tenía un telex a su disposición. Pero logró hacer desaparecer los pasajes de todo el circuito de verificación.
Viajó por todo el mundo sin pagar un centavo. Hizo perder millonadas a las compañías aéreas inglesas durante la Guerra de las Malvinas. No fue un magnate ni un miembro de la mafia, sino un simple “hacker”, o pirata informático. Raúl Horacio “Yuyo” Barragán fue un peligro con una computadora cerca. Y lo supo hasta su último día.

En 2005, Yuto tiene 39 años recién cumplidos. Es un taurino nacido en Concordia pero criado en Concepción del Uruguay, amante de las computadoras y los aviones. Y su alias: Yuyo es “porque aunque sea difícil encontrarme, estoy en todos lados”, se jacta de conocer de memoria alrededor de 120.000 claves de aeronavegación y de haber logrado violar la seguridad de la red más importante del mundo en materia de aeronavegación, la SITA.
La SITA (Société Internationale de Télécommunications Aéronautiques, o Sociedad Internacional de Telecomunicaciones Aeronáuticas) es el gigante tecnológico que funciona como el verdadero sistema nervioso de la aviación comercial global.
Hacia 1978, con apenas 21 años y radicado en Entre Ríos, Barragán trabajaba en relación con las oficinas locales de Aerolíneas Argentinas. En aquella época, la emisión y compensación internacional de boletos aéreos se coordinaba a través de la red global de SITA mediante terminales de télex.
¿Cómo era el procedimiento? Aunque hoy las ventas funcionan con tecnología digital, en aquellos tiempos Aerolíneas Argentinas vendía pasajes en todo el mundo. Un boleto de Aerolíneas Argentinas comprado en Madrid podía emitirse desde la Argentina. En esos casos, Yuyo debía informar a la Sede Santa Fe, que enviaba los datos a la Central Buenos Aires; desde allí, la información se remitía al Sistema Internacional de Telecomunicaciones Aeronáuticas (SITA). Esta compañía procesaba las reservas de las aerolíneas radicadas en Argentina. Tras la verificación, los datos llegaban a la Sucursal Inglaterra, luego a la Central de Estados Unidos y, finalmente, el pasaje se emitía en Argentina o en el exterior para el comprador.
Digamos que se manejaba con estos dos procedimientos:
1)Falsificación de mensajes: Simulaba solicitudes de emisión de billetes prepagos (Prepaid Ticket Advice o PTA) originadas supuestamente en Londres, Nueva York u otras centrales del exteriro.
2) Cuando solicitaba pasajes a su nombre, deliberadamente escribía «Baragan» con una sola «r». Si un empleado dudaba o hacía preguntas, él argumentaba que era un típico error de transmisión satelital o ruidos de línea de la red SITA. Si alguien intentaba verificar a fondo, él mismo provocaba la desconexión del télex para que el operador tuviera que reiniciar la máquina y desistiera del control.

Esta cadena de verificaciones, que parecía segura, terminó dándole una oportunidad a Yuyo Barragán. La comunicación entre la Sucursal Concordia y la Cabecera Santa Fe, paso previo al envío de los datos a la Central Buenos Aires, solía fallar o saturarse. Como cobraba comisión por las ventas, Barragán no quería perder operaciones y buscó la manera de saltear ese recorrido: aprendió a enviar los mensajes directamente a SITA y a falsear su procedencia para que parecieran emitidos desde la central. Así lograba expedir pasajes fuera del circuito habitual de control.
Finalmente logró logró vulnerar las comunicaciones de la red aeronáutica mundial valiéndose únicamente de máquinas de télex, astucia y un profundo entendimiento de la ingeniería social.
La era dorada: volar por el mundo en primera clase
Durante varios años, Barragán viajó por América, Europa y Asia en primera clase sin pagar un solo centavo. No solo viajaba él —muchas veces acompañado—, sino que con el tiempo comenzó a revender pasajes a terceros o cambiarlos por dinero, joyas y artículos de lujo.
Se calcula que a lo largo de su raid obtuvo entre 600 y 1.000 pasajes gratuitos, lo que representó un perjuicio que en su momento se estimó en varios millones de dólares para diversas aerolíneas internacionales (incluidas Aerolíneas Argentinas y la brasileña Varig).

El circuito de SITA y el truco del télex
El sistema internacional procesaba los pedidos en varias etapas: SITA registraba la reserva en su central de Inglaterra, la confirmaba en Estados Unidos y ordenaba emitir el pasaje en el lugar indicado. Las aerolíneas compensaban entre sí esos viajes mediante un sistema de liquidación que, según las reconstrucciones publicadas, podía demorar seis meses. Ese plazo ayuda a entender por qué una operación podía concretarse antes de que aparecieran inconsistencias.
Al declarar ante la Policía, Yuyo Barragán describió un recurso que usaba para entorpecer las verificaciones: insertaba una orden de retorno de carro y cuatro letras “L” al final del mensaje. Si un operador intentaba comprobar el pedido, el sistema se bloqueaba. Con los códigos y las claves que había investigado, logró obtener la confirmación de un pasaje a Caracas, Venezuela, sin pagarlo. Una reconstrucción de Infobae estimó que, a lo largo de sus maniobras, habría conseguido entre 600 y 1.000 pasajes, aunque la cifra no pudo determinarse con precisión.
Los mensajes falsos que lo llevaron por el mundo
Después de comprobar que podía burlar el circuito, Barragán siguió viajando con pasajes de Aerolíneas Argentinas y de otras compañías. Según el relato original, llegó a destinos como Hong Kong y Tokio, muchas veces en Primera Clase. También enviaba mensajes falsos a otras aerolíneas: decía que Julio Horacio Barragán no podía viajar porque no había lugar o porque el vuelo tenía demoras y pedía, en nombre de Aerolíneas, una plaza para un supuesto embajador de San Petersburgo.
El método se apoyaba en una tecnología lenta: los mensajes circulaban por télex, muchas verificaciones se hacían a mano y las compañías podían reubicar pasajeros en vuelos de otras aerolíneas cuando había demoras o cancelaciones. La disponibilidad de asientos y esos procedimientos habituales ayudaban a que algunos pedidos falsos parecieran operaciones normales.
Observación para revisar en la nota: encontré versiones distintas sobre la novia de Barragán: La Nación la ubica en Colombia, mientras que una reconstrucción publicada por La Ciudad la sitúa en Caracas. Conviene confirmar ese dato antes de mantenerlo como definitivo.

De los pasajes gratis a los viajes en primera clase
Tras ser despedido de Aerolíneas Argentinas en 1979, Yuyo Barragán siguió aprovechando lo que había aprendido sobre el sistema de reservas. Primero generó pasajes para pagar sus deudas y después comenzó a venderlos por cerca de la mitad de su valor. Con el tiempo, llegó a dominar no solo la reserva, sino también otros detalles de la emisión: podía pedir asientos en Primera Clase, comidas especiales y hasta alterar, según el relato de la época, el recorrido de equipajes.
Una de las anécdotas más llamativas ocurrió en Brasil. Durante un fin de semana largo, Barragán y un amigo se quedaron casi sin dinero y no podían retirar efectivo porque los bancos estaban cerrados. Según la reconstrucción publicada por La Ciudad, calculó una ruta de ida y vuelta a Japón, con suficientes escalas para permanecer en Primera Clase y regresar a Brasil el lunes, cuando reabrieran los bancos. Así pasaron el fin de semana a bordo, con comida y alojamiento incluidos en el viaje.

Entre las anécdotas y las versiones sobre Malvinas
Una de las historias más llamativas sobre Yuyo Barragán cuenta que, junto a un amigo, pasó un fin de semana largo a bordo de un avión, en primera clase, tomando champagne y comiendo caviar. Según el relato, había calculado las escalas para regresar el lunes y llegar a tiempo al banco. Otra anécdota sostiene que compitió tomando vodka con un pasajero al que algunos describían como ruso y otros como embajador. Los dos habrían terminado tan intoxicados que tuvieron que bajarlos del avión.
También circulan versiones sobre un pasaporte colombiano falso y un auto alquilado que Barragán nunca habría devuelto. Como no encontré documentación independiente que confirme esos episodios, conviene presentarlos como anécdotas y atribuirlos a una fuente identificable.
Sobre la Guerra de Malvinas, se difundió la versión de que Barragán habría ayudado a la Argentina confundiendo las comunicaciones británicas o generando reservas aéreas falsas. Una reconstrucción periodística menciona esos relatos, pero aclara que no son comprobables.
En cambio, sí se cuenta que en 1982 un pedido sospechoso de pasaje de KLM, realizado desde Rosario, despertó alertas y fue seguido por la huida de Barragán a Brasil. Que ese episodio ocurriera durante la guerra no demuestra que hubiera saboteado vuelos británicos. El texto original menciona un documento como respaldo de esa versión, pero no lo identifica; para evaluar qué prueba, habría que precisar su archivo, fecha y autor.

Las detenciones que expusieron el método de Barragán
En 1982, KLM detectó un pedido inusual de pasaje en la ruta Rosario – Tel Aviv. La sospecha llevó a Yuyo Barragán a huir a Brasil. Y finalmente Raúl «Yuyo» Barragán fue detenido a comienzos de 1982, en Buenos Aires, luego de una investigación conjunta entre la División Defraudaciones y Estafas de la Policía Federal Argentina y los servicios de seguridad interna de Aerolíneas Argentinas.
Su proceso judicial se desarrolló durante la transición democrática y la condena de tres años de prisión efectiva la cumplió entre 1982 y 1985 dentro del complejo penitenciario de la Cárcel de Caseros, recuperando la libertad hacia mediados de 1985.
Por qué fue condenado
La carátula principal del expediente fue por el delito de estafas reiteradas en concurso real con falsificación de documentos privados (asimilados a instrumentos mercantiles por el valor de los pasajes aéreos).
Durante el interrogatorio, explicó cómo «se ganaba la vida» con el télex. Como los policías no le creyeron, les preguntó adónde querían viajar y pidió pasajes para los comisarios y sus esposas. Los boletos se emitieron.
Su historia también llegó a la televisión: en la década de 1990 apareció en el programa de Susana Giménez con un pasamontañas. En 1995, sus andanzas quedaron retratadas en el libro «Llaneros Solitarios: Hackers, la guerrilla informática», de Raquel Roberti y el periodista, nacido y criado en Castelar, Fernando Bonsembiante. Más adelante, Barragán dejó de cubrirse el rostro.

Los Pericos y los pasajes que terminaron en la Justicia
El episodio que derivó en la detención más conocida de Yuyo Barragán comenzó durante la gira de 1993. Los Pericos habían sido invitados al Festival en Jamaica, la sexta edición del Reggae Sunsplash. El manager de la banda, Pablo Andrés Urbano Hortal, compró pasajes a Barragán por un precio inferior al de mercado, aunque no eran gratuitos. Según el itinerario consignado en esta nota, el recorrido enlazaba La Paz, Bolivia, con Caracas, Venezuela, y luego Miami, EEUU, antes de llegar a Jamaica. Las diferencias entre los boletos pronto despertaron sospechas: eran de distintas compañías y algunos músicos viajaban en primera clase mientras otros no.
En Caracas, Hortal descubrió que los pasajes eran robados. Según el libro Llaneros Solitarios, dijo que había pagado alrededor de 22.000 dólares y que los había comprado de buena fe, aunque no tenía recibo. Más tarde, en una rueda de reconocimiento, identificó a Barragán como el vendedor; otro integrante que había estado presente no pudo reconocerlo. La causa derivó en la prisión preventiva dictada por el juez Juan José Galeano en 1994. Hay una diferencia importante: los boletos de Los Pericos habían sido robados de agencias estadounidenses, mientras que Barragán solía obtener pasajes mediante pedidos falsos.

El episodio de Miami que dejó varados a Los Pericos
Al emprender el regreso, Los Pericos salieron de Jamaica y llegaron a Miami, pero allí descubrieron que no tenían los pasajes para continuar el viaje. Según el relato de este episodio, llamaron a Yuyo Barragán, quien envió a un hombre de confianza con los boletos impresos. Como faltaban pocos minutos para el embarque, pidieron a las autoridades del aeropuerto que lo anunciaran por altavoz y le indicaran la puerta donde lo esperaban.
Cuando el mensajero oyó su nombre, creyó que la policía había descubierto la maniobra y que el anuncio era una trampa. Se marchó con los pasajes. Toda la banda quedó varada en Miami y tuvo que resolver por su cuenta cómo continuar el viaje.
El episodio se conecta con la causa que llegó a la Justicia: el manager, Pablo Andrés Urbano Hortal, identificó a Barragán en una rueda de reconocimiento, aunque otro integrante que había presenciado la operación no pudo reconocerlo. Las reconstrucciones periodísticas señalan que los boletos descubiertos en Caracas eran robados de agencias estadounidenses, una modalidad distinta de los pedidos falsos con los que Barragán solía obtener pasajes.

La causa de Los Pericos y los últimos años de Yuyo Barragán
Cuando Los Pericos regresaron a Buenos Aires, el manager Pablo Andrés Urbano Hortal dijo que había comprado los pasajes de buena fe y señaló a Yuyo Barragán en una rueda de reconocimiento. Otro integrante que había estado presente no pudo identificarlo. La Policía Federal investigó el caso y, según la versión publicada por Anticipos, un allanamiento permitió hallar pasajes y tarjetas de crédito robadas. Las reconstrucciones periodísticas confirman que los boletos de la banda habían sido sustraídos de agencias estadounidenses; no encontré confirmación independiente del hallazgo de las tarjetas.
En 1994, el juez Juan José Galeano dictó la prisión preventiva de Barragán, que permaneció en la Cárcel de Caseros hasta 1997. Como la causa de Los Pericos se sumó a otros expedientes, es más preciso hablar de prisión preventiva que afirmar que cumplió una condena firme por la venta de esos pasajes.
El 6 de marzo de 2009, un video publicado en un canal asociado a Barragán lo muestra hablar de la traición de un amigo y decir que iba a morir. El 1° de agosto de 2013 falleció en Concepción del Uruguay, a los 56 años, tras padecer una enfermedad terminal.





