En mayo de 2019, durante la presidencia de Mauricio Macri, el Gobierno argentino anunció su respaldo a la postulación de las seis rutas sanmartinianas ante la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). El proyecto había sido promovido originalmente por el diplomático e historiador Rodolfo Terragno, entonces embajador argentino ante ese organismo internacional.

La iniciativa buscaba que los caminos utilizados por el Ejército de los Andes en 1817 fueran reconocidos como Patrimonio Cultural y Natural de la Humanidad. El argumento central era que los pasos cordilleranos poseen un valor universal excepcional, tanto por el paisaje que atravesaron los soldados como por la relevancia histórica de la campaña encabezada por el general José de San Martín.

Sin embargo, existe una aclaración indispensable: el anuncio no significó que las rutas fueran declaradas Patrimonio de la Humanidad. Tampoco aparecen, a agosto de 2026, entre los sitios argentinos incluidos en la Lista del Patrimonio Mundial ni en una lista tentavia.
Qué ocurrió con la postulación de las rutas sanmartinianas
El Institutoto Nacional Sanmartiniano informó el 25 de mayo de 2019 que las rutas habían ingresado en una instancia preliminar y que la Argentina debía aportar documentación destinada a probar su valor extraordinario universal.

El anuncio oficial sostenía que el procedimiento debía avanzar hacia una definición en febrero de 2020. Para fortalecer el expediente, el entonces Presidente Macri convocó a historiadores, especialistas, instituciones científicas y organizaciones culturales a reunir antecedentes sobre la campaña y las características del territorio cordillerano.
Ese proceso, no obstante, no concluyó con la declaración anunciada. La UNESCO explica que la incorporación de un sitio a una Lista Tentativa constituye solamente una etapa previa: cada Estado debe preparar después un expediente completo, acreditar su valor universal excepcional y someterlo a evaluaciones técnicas antes de que el Comité del Patrimonio Mundial adopte una decisión.

Cuáles son las seis rutas del Cruce de los Andes
La campaña libertadora no consistió en el desplazamiento de una única columna. San Martín diseñó una operación coordinada mediante seis pasos cordilleranos para dispersar a las fuerzas realistas, generar incertidumbre sobre el lugar del ataque principal y avanzar simultáneamente hacia distintos puntos de Chile.
Las seis rutas comprendidas en el proyecto fueron: 1) paso de Come-Caballos, en La Rioja; 2) paso de Guana, en San Juan; 3) paso de los Patos, en San Juan; 4) paso de Uspallata, en Mendoza; 5) paso del Portillo, en Mendoza; y 6) paso del Planchón, también en Mendoza.
Cada columna recibió una misión específica. Algunas debían combatir y ocupar posiciones, mientras que otras cumplían tareas de distracción destinadas a confundir al mando español y obligarlo a dividir sus efectivos.

Paso de Come-Caballos: la columna que partió desde La Rioja
La expedición por Come-Caballos estuvo encabezada por Francisco Zelada y Nicolás Dávila. Partió desde La Rioja, cruzó la cordillera e ingresó en territorio chileno con el objetivo de operar sobre la zona de Copiapó.

Esta columna debía hacer creer a los realistas que el Ejército de los Andes podía desplegar una ofensiva de gran alcance sobre el norte chileno. Su recorrido fue uno de los más extensos y difíciles de toda la campaña.

Paso de Guana: el avance hacia Coquimbo
La columna conducida por Juan Manuel Cabot atravesó el Paso de Guana desde la provincia de San Juan. Su misión consistía en avanzar hacia Coquimbo y estimular el levantamiento de los patriotas chilenos de esa región.

El movimiento permitió extender el frente de operaciones varios centenares de kilómetros hacia el norte. De esa manera, el mando realista tuvo mayores dificultades para identificar dónde se concentraría el ataque decisivo.

Paso de los Patos: la ruta principal de San Martín
El grueso del ejército cruzó por el paso de los Patos bajo el mando de José de San Martín, acompañado por oficiales como Miguel Estanislao Soler y Bernardo O’Higgins. Fue una de las dos columnas principales de la operación.

Los soldados atravesaron alturas extremas, caminos escarpados y grandes variaciones térmicas. Transportaron armamento, municiones, alimentos, ganado y piezas de artillería mediante un sistema logístico planificado durante meses.

Después de superar la cordillera, esta fuerza intervino en la batalla de Chacabuco, librada el 12 de febrero de 1817, que terminó con una victoria patriota y abrió el camino hacia Santiago de Chile.

Paso de Uspallata: la columna de Las Heras
La segunda fuerza principal cruzó por el paso de Uspallata bajo la conducción de Juan Gregorio de Las Heras. Su misión era avanzar por una ruta distinta y reunirse luego con la columna de San Martín.

La división de Las Heras también trasladó parte de la artillería y enfrentó posiciones realistas antes de incorporarse al dispositivo que desembocó en Chacabuco. La coordinación entre ambas columnas fue una de las claves del éxito militar.

Los pasos del Portillo y del Planchón
La columna del Portillo, conducida por José León Lemos, tuvo una función principalmente distractiva. Debía simular una ofensiva por el sur de Mendoza y provocar el desplazamiento de unidades enemigas hacia una zona alejada de las rutas principales.


Por el paso del Planchón avanzó la fuerza dirigida por Ramón Freire, destinada a operar en el sur chileno. Además de distraer a los realistas, la expedición debía promover la insurrección de grupos patriotas y dificultar el envío de refuerzos hacia Santiago.


Una operación militar que modificó la historia sudamericana
El cruce comenzó en enero de 1817 y movilizó a miles de soldados, auxiliares y trabajadores a través de una de las geografías más exigentes del continente. La operación requirió organizar depósitos de alimentos, fabricar armas, reunir animales de carga y establecer información precisa sobre caminos, clima y fuentes de agua.
San Martín utilizó además una estrategia de desinformación conocida como “guerra de zapa”. Mediante rumores, agentes y comunicaciones cuidadosamente preparadas, buscó convencer a los realistas de que el ataque podía producirse por diferentes lugares.
La dispersión en seis columnas fue parte de esa maniobra. Mientras cuatro fuerzas secundarias ampliaban la amenaza, las columnas de los Patos y Uspallata concentraban la mayor capacidad de combate.

Patrimonio histórico, ambiente y turismo
La postulación pretendía reconocer no solamente la dimensión militar del Cruce de los Andes. También buscaba proteger los paisajes, sitios arqueológicos, huellas y caminos históricos vinculados con la expedición libertadora.
Otro de sus objetivos era establecer un circuito turístico y cultural entre la Argentina y Chile. La propuesta podía favorecer la conservación ambiental de la cordillera, la investigación histórica y el desarrollo de las comunidades ubicadas cerca de los seis pasos.
El carácter binacional resultaba fundamental porque la campaña conectó territorios argentinos y chilenos y fue decisiva para la independencia de Chile y Perú. Una eventual candidatura conjunta exigiría la coordinación institucional y documental de ambos países.

Qué falta para alcanzar el reconocimiento de la UNESCO
La declaración como Patrimonio Mundial requiere un proceso mucho más complejo que un anuncio gubernamental. El sitio debe figurar formalmente en la Lista Tentativa correspondiente y permanecer allí el tiempo establecido antes de presentar su candidatura definitiva.
Luego se necesita delimitar con precisión cada componente, establecer mecanismos permanentes de protección, demostrar su autenticidad e integridad y elaborar un plan de conservación y manejo. Organismos técnicos internacionales analizan posteriormente el expediente y formulan una recomendación.
La decisión final corresponde al Comité del Patrimonio Mundial de la UNESCO. Hasta agosto de 2026, las rutas sanmartinianas no integran la lista de bienes argentinos reconocidos por ese organismo y tampoco aparecen en la nómina tentativa pública vigente.
La iniciativa de 2019 permanece, por lo tanto, como un proyecto de valorización histórica que no llegó a completar el procedimiento internacional anunciado. Su reactivación requeriría una nueva decisión estatal, acuerdos con las provincias involucradas y, debido a su naturaleza transnacional, una estrategia coordinada con Chile.





