Se conmemora cada 16 de septiembre como el Día de los Derechos de los Estudiantes Secundarios, un homenaje para que «los lápices sigan escribiendo» páginas en la tarea de establecer Memoria, Verdad y Justicia.
Cursaban en varias instituciones educativas, todas de La Plata, donde operaba el «Circuito Camps» y fueron secuestrados por efectivos a las órdenes del entonces jefe de la Policía bonaerense, el coronel Ramón Camps, en el marco de un operativo de represión ilegal que se conocería como «La Noche de los Lápices».
Los secuestros se produjeron entre el 8 y el 21 de septiembre de 1976. A lo largo de ese período fueron secuestrados los siguientes estudiantes: 1) Claudia Falcone (16 años), cursaba en el Bachillerato de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y militaba en la Unión de Estudiantes Secundarios (UES), organización vinculada a Montoneros; 2) María Clara Ciocchini (18 años), cursaba en el Bachillerato de Bellas Artes de la UNLP y militaba en la UES, a la que se había incorporado en Bahía Blanca; 3) Francisco López Muntaner (16 años), cursaba en el Bachillerato de Bellas Artes de la UNLP y militaba en la UES; 4) Daniel Racero (18 años), había estudiado en la Escuela Normal N.º 3 de La Plata y en 1976 cursaba en el Industrial Modelo de Berisso; integró primero el Movimiento de Acción Secundaria (MAS) y posteriormente militó en la UES; 5) Horacio Ungaro (17 años), cursaba en la Escuela Normal N.º 3 de La Plata y militaba en la UES; 6) Pablo Díaz (18 años), había pasado por el Colegio José Manuel Estrada y en 1976 cursaba en el Colegio España de La Plata, conocido como “La Legión Extranjera”; militaba en la Juventud Guevarista, vinculada al Partido Revolucionario de los Trabajadores–Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP); 7) Patricia Miranda (17 años), cursaba en el Bachillerato de Bellas Artes de la UNLP y no tenía militancia política conocida; 8) Emilce Moler (17 años), cursaba en el Bachillerato de Bellas Artes de la UNLP y militaba en la UES; 9) Gustavo Calotti (17 años), cursaba quinto año en el Colegio Nacional Rafael Hernández de la UNLP, había militado en la UES hasta 1975 y posteriormente se vinculó con la Juventud Guevarista; y 10) Claudio de Acha (17 años), cursaba en el Colegio Nacional Rafael Hernández de la UNLP y militaba en la UES.
Sobrevivieron cuatro: 1) Pablo Díaz (18 años), recuperó la libertad tras permanecer dos años entre cautivo y detenido; 2) Patricia Miranda (17 años) también salió con vida del Centro Arana, la trasladaron al Pozo de Quilmes y finalmente quedó alojada en la Cárcel de Villa Devoto, a disposición del Poder Ejecutivo hasta marzo de 1978; 3) Emilce Moler (17 años) recuperó la libertad tras permanecer dos años entre cautivo y detenido; y 4) Gustavo Calotti (18 años) había terminado el secundario un año antes, cayó en cautiverio el 8 de septiembre, y se lo considera un sobreviviente de estos hechos, ya que padeció la tortura junto a estos jóvenes.
Los desaparecidos fueron seis: 1) Claudia Falcone (16 años); 2) María Clara Ciocchini (18 años); 3) Francisco López Muntaner (16 años); 4) Daniel Racero (18 años); 5) Horacio Ungaro (17 años); y 6) Claudio de Acha (17 años).
Estos seis estudiantes integran la nómina de 232 adolescentes secuestrados durante la última dictadura cívico-militar y todavía permanecen desaparecidos. Claudia Falcone, Francisco López Muntaner, Claudio de Acha y Daniel Racero fueron vistos con vida en centros clandestinos de detención. Sus restos tampoco fueron encontrados. Junto con María Clara Ciocchini y Horacio Ungaro, conforman el grupo de seis jóvenes secuestrados durante La Noche de los Lápices. Repasamos sus historias.

No fueron secuestrados solamente por reclamar el boleto
Durante años se difundió una versión simplificada según la cual los jóvenes fueron secuestrados exclusivamente por reclamar el boleto estudiantil. Ese reclamo existió y fue importante, pero no explica por sí solo la persecución.
Los diez eran militantes políticos y estudiantiles, desarrollaban trabajo territorial y formaban parte de una organización que la dictadura buscaba destruir. La represión fue ejecutada por grupos de tareas de la Policía bonaerense dentro del llamado Circuito Camps, comandado por Ramón Camps y Miguel Etchecolatz. Los tribunales consideraron estos hechos delitos de lesa humanidad.
Las víctimas eran jóvenes militantes estudiantiles que, además de participar en distintas organizaciones políticas y sociales, habían tenido un rol activo en la campaña que, durante 1975, logró que el gobierno de la provincia de Buenos Aires implementara el Boleto Estudiantil Secundario (BES). Ese beneficio permitía a miles de alumnos viajar en transporte público con una tarifa reducida, facilitando el acceso a la educación para estudiantes de menores recursos.
Tras el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, la dictadura cívico-militar inició un proceso de eliminación de derechos y de persecución contra toda forma de organización social, sindical, política y estudiantil. En ese contexto, durante agosto de 1976, las autoridades de facto dejaron sin efecto el beneficio del Boleto Estudiantil Secundario, argumentando razones económicas y de reorganización administrativa.
La medida provocó nuevas manifestaciones y reclamos por parte de estudiantes secundarios de La Plata, quienes exigían la restitución del beneficio y defendían el derecho a la educación. Sin embargo, para los servicios de inteligencia y las fuerzas represivas, esas movilizaciones constituían una muestra de «subversión» o de «activismo político», por lo que comenzaron a identificar a los principales referentes de los centros de estudiantes y de las agrupaciones juveniles.

¿Quines eran los seis desaparecidos?
1) María Claudia Falcone
Conocida como Claudia o “Nucha”, había nacido el 16 de agosto de 1960 y tenía 16 años cuando fue secuestrada. Estudiaba en el Bachillerato de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata, donde era delegada de su curso.
Provenía de una familia peronista: su padre, Jorge Ademar Falcone, había sido Intendente de La Plata entre 1949 y 1950. Claudia militaba en la Unión de Estudiantes Secundarios, realizaba actividades comunitarias en barrios populares y había participado durante 1975 en las movilizaciones por el boleto estudiantil secundario.
Fue secuestrada junto con María Clara Ciocchini en el departamento de una tía abuela. Las llevaron primero al centro clandestino del Destacamento de Arana y posteriormente al Pozo de Banfield. Tenía apenas un mes cumplido desde su cumpleaños número 16.

2) Francisco López Muntaner
Francisco Bartolomé López Muntaner, llamado “Panchito” o “Pancho”, había nacido en La Plata en agosto de 1960 y también tenía 16 años. Era compañero de Claudia en el Bachillerato de Bellas Artes.
Procedía de una familia numerosa —tenía cinco hermanos— y comenzó a participar en la Unión de Estudiantes Secundarios alrededor de los 14 años. Además de la militancia estudiantil, realizaba actividades sociales y deportivas y colaboraba en los barrios. Era hincha de Gimnasia y Esgrima La Plata.
Fue secuestrado en su casa de calle 17 Nº 2123, en el barrio Altos de San Lorenzo. Los testimonios y las investigaciones judiciales establecieron que fue llevado a Arana y después al Pozo de Banfield.
3) Claudio de Acha
Tenía 17 años, aunque algunas publicaciones oficiales lo mencionan con 18. Estudiaba en el Colegio Nacional Rafael Hernández, dependiente de la Universidad Nacional de La Plata, y militaba en la Unión de Estudiantes Secundarios.
En 1973 había participado en la toma del Colegio Nacional, mediante la cual los estudiantes reclamaron la democratización de la institución, cambios en su conducción y mayor participación estudiantil. También formó parte de las movilizaciones por el boleto secundario.
Fue secuestrado durante la madrugada del 16 de septiembre. La investigación judicial reconstruyó su paso por el Destacamento de Arana y el Pozo de Banfield. Su nombre aparece también en el Bosque de la Memoria de Israel, que recuerda a los detenidos-desaparecidos argentinos de origen judío.
4) Daniel Racero
Daniel Alberto Racero, apodado “Calibre”, nació el 24 de junio de 1958 y tenía 18 años cuando fue secuestrado durante la Noche de los Lápices. Había estudiado en la Escuela Normal N.º 3 de La Plata y en 1976 cursaba en el Industrial Modelo de Berisso.
Era hijo de un suboficial de la Armada fallecido en 1973 y desde muy joven trabajó como mensajero. En la Escuela Normal N.º 3 fue uno de los organizadores de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES).
Su militancia incluyó campañas de vacunación, clases de apoyo escolar, reparación de viviendas y trabajos comunitarios en barrios humildes. También participó activamente en las protestas por el boleto estudiantil.
Racero fue secuestrado junto con su amigo Horacio Ungaro. Ambos permanecieron cautivos en los centros clandestinos de detención de Arana y Pozo de Banfield. Desde entonces continúa desaparecido.

5) María Clara Ciocchini
Nació el 21 de abril de 1958 en Bahía Blanca y tenía 18 años. Apodada “La Cieguita”, estudió en la Escuela Normal Superior y participó en actividades educativas y sanitarias en barrios populares. Luego se incorporó a la Unión de Estudiantes Secundarios (UES).
Perseguida por la Triple A, su familia se trasladó a La Plata en 1975. El 16 de septiembre de 1976 fue secuestrada junto con María Claudia Falcone. Ambas permanecieron cautivas en el Destacamento de Arana y el Pozo de Banfield. María Clara continúa desaparecida.
6) Horacio Ángel Ungaro
Nació el 12 de mayo de 1959 en La Plata y tenía 17 años. Conocido como “Guille”, estudiaba en la Escuela Normal Nº 3, trabajaba en un quiosco, practicaba natación y estudiaba francés.
Militaba en la Unión de Estudiantes Secundarios y realizaba tareas comunitarias en barrios populares de Berisso. Participó en las movilizaciones por el boleto estudiantil, aunque su compromiso político era mucho más amplio.
Fue secuestrado el 16 de septiembre de 1976 junto con Daniel Racero. Ambos fueron trasladados al Destacamento de Arana y luego al Pozo de Banfield. Horacio continúa desaparecido.
La foto del grupo de los diez estudiantes secuestrados

Un caso particular: el Colegio España y el sobreviviente Pablo Díaz

En septiembre de 1976, Díaz tenía 18 años y cursaba en el Colegio España de La Plata, conocido entonces como “La Legión Extranjera”, porque recibía a jóvenes expulsados de otros establecimientos. Anteriormente había sido apartado del Colegio José Manuel Estrada por intentar organizar un centro de estudiantes.
Díaz militaba en la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) y había participado en las movilizaciones por el boleto estudiantil. Fue secuestrado el 21 de septiembre de 1976, cinco días después de los primeros operativos de La Noche de los Lápices. Permaneció cautivo en centros clandestinos, entre ellos Arana y el Pozo de Banfield, y luego fue encarcelado legalmente hasta recuperar la libertad en 1980.
Por eso, el Colegio España no fue el escenario de los secuestros, pero quedó históricamente relacionado con el caso porque allí estudiaba Pablo Díaz cuando fue secuestrado. Su testimonio durante el Juicio a las Juntas de 1985 fue decisivo para que el país conociera lo ocurrido.
¿Como se inició el Operativo La Noche de los Lápices?
Entre el 8 y el 21 de septiembre de 1976, efectivos de la Policía de la Provincia de Buenos Aires y del Batallón de Inteligencia 601 del Ejército llevaron adelante una serie de operativos represivos en La Plata. Gustavo Calotti fue secuestrado el 8 de septiembre y los otros nueve jóvenes, entre el 15 y el 21 de septiembre. Los diez tenían entre 16 y 18 años.
Tras ser secuestrados, los estudiantes fueron trasladados a distintos centros clandestinos del Circuito Camps. Varios pasaron por Arana y posteriormente por el Pozo de Banfield; otros, como Patricia Miranda, Emilce Moler y Gustavo Calotti, fueron llevados al Pozo de Quilmes y a otras dependencias represivas.
Claudio De Acha, María Clara Ciocchini, María Claudia Falcone, Francisco López Muntaner, Daniel Racero y Horacio Ungaro fueron chupados de sus domicilios en las primeras horas de la noche.
Al día siguiente, el 17 de septiembre de 1976, los represores apresaban a Emilce Moler y Patricia Miranda, que estudiaba en el Colegio de Bellas Artes de La Plata.
Y cuatro días, el 21 de agosto, fue detenido Pablo Díaz, quien formaba parte de las Juventud Guevarista, un grupo vinculado al Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) que tenía como brazo armado al ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo).
Todos fueron ingresados clandestinamente al Centro Arana, donde se los torturó durante semanas, y luego se los trasladó al Pozo de Banfield.

La Noche de los Lápices y un Comisario clave: Alfredo Fernández
Sobre Alfredo Fernández existe una particularidad que llama la atención de los investigadores: a diferencia de otros represores de la última dictadura militar, como Ramón Camps o Miguel Etchecolatz, se conoce muy poco sobre su trayectoria personal y profesional. La documentación pública disponible apenas permite reconstruir algunos aspectos de su actuación dentro de la estructura represiva de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, mientras que la mayor parte de las referencias a su nombre aparecen en archivos de inteligencia y en investigaciones sobre La Noche de los Lápices.



Lo que sí se encuentra debidamente documentado es que Fernández se desempeñaba como Comisario Mayor de la Policía Bonaerense, aunque algunas publicaciones posteriores lo mencionan como Comisario General, posiblemente debido a un ascenso o a una diferencia en la denominación del cargo. Además, integraba la Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (DIPPBA), el organismo encargado de reunir información, infiltrar organizaciones sociales, políticas y estudiantiles y elaborar informes sobre personas consideradas «peligrosas» por el régimen militar.
La cadena de mando del operativo
1) Ramón Camps, jefe de la Policía de la Provincia de Buenos Aires.

2) Miguel Etchecolatz, director general de Investigaciones y uno de los principales ejecutores del terrorismo de Estado en territorio bonaerense.

3) Ricardo Eugenio Campoamor, jefe del Destacamento de Inteligencia 101 del Ejército, encargado de coordinar las tareas de inteligencia militar.
4) oficiales de la DIPPBA, entre ellos Alfredo Fernández, responsables de producir los informes de inteligencia que permitieron identificar y seguir a los estudiantes que luego serían secuestrados.
Durante esta investigación no fue posible encontrar fotografías públicas de Alfredo Fernández cuya identidad estuviera confirmada por archivos oficiales, organismos de derechos humanos o fuentes periodísticas confiables. Por lo cual suponemos y solo eso, que fue un personaje mejor.

El documento «La Noche de los Lápices»
La principal razón por la que el nombre de Alfredo Fernández trascendió históricamente fue su firma en un documento de inteligencia titulado «La Noche de los Lápices», elaborado por la DIPPBA. En ese informe, los estudiantes secundarios fueron definidos como «integrantes de un potencial semillero subversivo», una expresión que refleja cómo los organismos de inteligencia justificaban la vigilancia, persecución y posterior represión contra jóvenes que participaban en organizaciones estudiantiles y actividades políticas.
Ese documento, hallado años después en los archivos de la Policía Bonaerense, constituye una de las pruebas documentales más importantes para comprender el funcionamiento del aparato represivo. Su contenido demuestra que los secuestros de los estudiantes no fueron hechos aislados ni decisiones improvisadas, sino el resultado de un operativo previamente planificado, sustentado en tareas de inteligencia, seguimiento e identificación de quienes eran considerados objetivos por la dictadura.
Pese a la importancia del documento que firmó Alfredo Fernández, hasta la actualidad no existe una biografía pública completa. Tampoco se conocen con precisión datos sobre su fecha de nacimiento, el desarrollo de su carrera policial o las circunstancias de su fallecimiento. Su nombre quedó asociado principalmente a aquel informe de inteligencia, considerado una pieza clave para reconstruir cómo la Policía Bonaerense planificó y ejecutó la persecución contra los estudiantes secundarios de La Plata durante La Noche de los Lápices.

¿El Documento La Noche de los Lápices fue real?
Ese documento existió y es una de las pruebas documentales más citadas para reconstruir cómo la Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (DIPPBA) planificó la persecución contra los estudiantes secundarios de La Plata. Fue hallado años después del regreso de la democracia entre los archivos de la Policía Bonaerense y luego pasó a integrar el acervo documental que hoy conserva la Comisión Provincial por la Memoria.
El informe llevaba por título «La Noche de los Lápices» y estaba firmado por el entonces comisario mayor Alfredo Fernández, quien describía a los estudiantes como «integrantes de un potencial semillero subversivo». Esa expresión es considerada muy significativa porque revela que los organismos de inteligencia no veían a los adolescentes únicamente como participantes de una protesta por el boleto estudiantil, sino como futuros militantes políticos a los que debía neutralizarse preventivamente.
El documento también demuestra que el nombre «La Noche de los Lápices» no surgió posteriormente por el libro de María Seoane y Héctor Ruiz Núñez ni por la película de 1986. Por el contrario, era una denominación utilizada por los propios organismos de inteligencia de la Policía Bonaerense para identificar el operativo represivo contra los estudiantes.
Desde el punto de vista histórico, este hallazgo tuvo un valor probatorio importante porque permitió confirmar que los secuestros no fueron hechos aislados, sino parte de un operativo previamente planificado, con tareas de inteligencia, identificación de objetivos y coordinación entre la Policía Bonaerense, el Batallón de Inteligencia 601 del Ejército y otros organismos represivos.
También ayudó a matizar una interpretación muy difundida durante años: la de que los estudiantes fueron secuestrados exclusivamente por reclamar el Boleto Estudiantil Secundario. Los documentos de inteligencia y las sentencias judiciales posteriores muestran que ese reclamo fue uno de los elementos utilizados para identificarlos, pero que la persecución se dirigía contra jóvenes considerados políticamente activos o vinculados a organizaciones estudiantiles y de militancia, a quienes los servicios de inteligencia catalogaban como un riesgo para el régimen.

¿Quiénes fueron juzgados?
Hasta donde alcanza la documentación pública disponible, no hay constancia de que Alfredo Fernández haya sido juzgado o condenado por delitos de lesa humanidad.
De hecho, ocurre una situación llamativa: aunque su firma aparece en el documento de inteligencia «La Noche de los Lápices», que constituye una prueba relevante de la planificación del operativo represivo, su nombre no figura entre los principales imputados ni condenados en las causas judiciales vinculadas a ese caso o al circuito represivo de la provincia de Buenos Aires.
Quienes fueron investigados, juzgados y condenados por los crímenes cometidos en ese circuito represivo fueron:
1) Ramón Camps, jefe de la Policía de la Provincia de Buenos Aires. 25 años de prisión y destitución. (Falleció en 1994 con causas judiciales en su contra).

2) Miguel Etchecolatz, Director General de Investigaciones de la Policía Bonaerense, condenado en múltiples juicios por delitos de lesa humanidad. 23 años de prisión.

3) Ovidio Pablo Ricchieri, sucesor de Camps: 14 años de prisión y destitución.
4) Jorge Antonio Bergés, médico de la Policía Bonaerense: 6 años de prisión.
5) Norberto Cozzani, integrante de la estructura policial represiva: 4 años de prisión.
En mayo de 2022, el exjefe policial Julio César Garachico fue condenado a prisión perpetua por los delitos cometidos contra siete víctimas, entre ellas Francisco López Muntaner. Etchecolatz también recibió otra perpetua en ese juicio, aunque no volvió a ser condenado por López Muntaner porque ya había sido juzgado por ese hecho en 1986.
En marzo de 2024, el juicio por las brigadas de Banfield, Quilmes, Lanús y San Justo impuso nuevas condenas por crímenes contra 605 víctimas, entre las que se encontraban varios estudiantes de la Noche de los Lápices. Fueron condenados Federico Minicucci (prisión perpetua), Carlos María Romero Pavón (prisión perpetua), Jorge Héctor Di Pasquale (prisión perpetua), Roberto Armando Balmaceda (prisión perpetua), Guillermo Alberto Domínguez Matheu (prisión perpetua), Carlos Gustavo Fontana (prisión perpetua), Jaime Lamont Smart (prisión perpetua), Juan Miguel Wolk (prisión perpetua), Jorge Antonio Bergés (prisión perpetua) y Luis Horacio Castillo (prisión perpetua). Por su parte, Alberto Julio Candioti recibió una pena de 25 años de prisión.
¿Que se sabe del Centro Clandestino de Detención Centro Arana?
El Centro Clandestino de Detención Arana, también conocido como Pozo de Arana, funcionó durante la última dictadura militar en la localidad de Arana, partido de La Plata, bajo la órbita de la Policía de la Provincia de Buenos Aires. Instalado en un antiguo destacamento policial, integró el denominado Circuito Camps, la red de centros clandestinos comandada por el entonces jefe de la Policía Bonaerense, Ramón Camps, donde cientos de personas secuestradas fueron mantenidas en cautiverio, sometidas a torturas e interrogatorios ilegales.

Por el Pozo de Arana pasaron numerosos detenidos-desaparecidos, entre ellos varios de los estudiantes secuestrados durante La Noche de los Lápices, quienes posteriormente fueron trasladados a otros centros clandestinos, como el Pozo de Banfield. Tras el regreso de la democracia, sobrevivientes identificaron el lugar y sus testimonios fueron fundamentales en los juicios por delitos de lesa humanidad, que acreditaron el funcionamiento del centro como parte del plan sistemático de represión implementado por la dictadura militar.

Tras derogarse en 2003 las leyes de Obediencia Debida y Punto Final y los indultos dictados por el expresidente Carlos Saúl Menem, se iniciaron los juicios de lesa humanidad y Miguel Etchecolatz recibió sentencias por varios crímenes. Al expolicía se lo halló culpable junto a otros 15 represores en el juicio por los delitos cometidos en el Circuito Camps, un proceso en el que se investigó el caso de La Noche de los Lápices, además de otros crímenes perpetrados en los centros clandestinos de detención de La Plata y zonas cercanas.
Pese al trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), los cuerpos de las víctimas aún no pudieron ser identificados.
El excabo de la policía Roberto Grillo, que participó en el secuestro de los estudiantes, le confió hace años a la familia Ungaro que debió «quemar los cuerpos de los chicos», pero que él no los mató.
En reconocimiento a la lucha de estos jóvenes militantes, seis de los cuales continúan desaparecidos, la provincia de Buenos Aires instituyó el 16 de septiembre como Día de los Derechos del Estudiante Secundario mediante la Ley 10.671, promulgada en 1988. En 2006, el entonces presidente Néstor Kirchner impulsó un proyecto para declarar esa misma fecha como Día Nacional de la Juventud, iniciativa que finalmente fue sancionada mediante la Ley 27.002 en 2014. Ambas conmemoraciones mantienen vivo el compromiso con la Memoria, la Verdad y la Justicia, para que “los lápices sigan escribiendo”.
El caso tomó notoriedad pública en 1985, luego del testimonio de Pablo Díaz, uno de los sobrevivientes, en el Juicio a las Juntas. Además, Díaz participó de la creación del guion que llevó la historia al cine días antes de cumplirse una década de lo ocurrido, en el filme homónimo.

Pozo de Banfield: secuestros, torturas, apropiación de bebés y memoria histórica
El Pozo de Banfield fue un centro clandestino de detención, tortura y exterminio que funcionó entre octubre de 1974 y noviembre de 1978 en una dependencia de la Policía Bonaerense, ubicada en Siciliano y Vernet, Lomas de Zamora. Integró el Circuito Camps, dirigido por Ramón Camps y Miguel Osvaldo Etchecolatz, y estuvo bajo la estructura represiva del Primer Cuerpo de Ejército. Por allí pasaron alrededor de 350 personas secuestradas, sometidas a torturas, violencia sexual, desapariciones forzadas y traslados entre distintos centros clandestinos.

El lugar fue además la principal maternidad clandestina de la Policía Bonaerense: permanecieron cautivas al menos 30 mujeres embarazadas y nacieron allí por lo menos ocho bebés, muchos de ellos separados de sus madres y apropiados mediante identidades falsas. También estuvieron detenidos varios estudiantes desaparecidos de La Noche de los Lápices, junto con el sobreviviente Pablo Díaz, y al menos 24 ciudadanos uruguayos perseguidos en el marco del Plan Cóndor.
Luego de permanecer durante décadas bajo control policial, el edificio fue convertido en un Espacio para la Memoria y Promoción de los Derechos Humanos. El 27 de marzo de 2024, la Justicia federal dictó diez condenas a prisión perpetua y una pena de 25 años por crímenes de lesa humanidad cometidos contra 605 víctimas en las brigadas de Banfield, Quilmes, Lanús y San Justo.

Sitios de la Memoria que recuerdan a los estudiantes desaparecidos
En Bahía Blanca en 1995, se inauguró la Plaza de los Lápices, en la cual quedó emplazado un monumento que consiste en seis placas de hormigón que recuerdan a los desaparecidos de aquella noche.
En 2013 se colocó una placa recordatoria en la Plaza Vera de La Plata para las víctimas, según una ordenanza municipal. A su vez existe una placa homenaje a Claudio de Acha en la Escuela Nº 111.
En 2014, se instaló en la esquina de las calles 1 y 58, en La Plata, una placa como piedra fundamental del monumento a la Lucha Estudiantil.
En la Ciudad de Buenos Aires, alumnos docentes y padres en una votación de toda la comunidad escolar decidieron bautizar a la Escuela 491 de Palermo como María Claudia Falcone, también existe en su honor una escuela en la localidad de Presidente Derqui, en Pilar y una escuela Polimodal en el partido de Tres de Febrero.
En La Plata, se inauguró el 16 de septiembre de 2016 el mural La Noche de los Lápices, ubicado en la biblioteca del Colegio Nacional Rafael Hernández. Este mural fue realizado colectivamente por alumnos del colegio, y estudiantes y profesores de la facultad de Bellas Artes de la UNLP. Además, la Municipalidad de La Plata colocó una baldosa por la memoria en la calle 56 entre 5 y 6, para señalar el lugar donde fueron secuestradas hace 35 años las estudiantes María Clara Ciocchini y María Claudia Falcone.
Una calle del barrio Bella Vista, de Puerto Madryn fue nombrada María Claudia Falcone.
También fue nombrado en su honor el «Programa Nacional de Promoción de los Derechos Humanos Claudia Falcone».}






