El 11 de junio de 1982, en plena Guerra de Malvinas, Juan Pablo II llegó a la Argentina con un mensaje de paz. Después de ser recibido por el presidente de facto Leopoldo Galtieri y reunirse con la Junta Militar, cruzó el Oeste en el Papamóvil, se detuvo en Morón y abordó una formación especial del Ferrocarril Sarmiento. En Luján celebró una misa ante una multitud que las estimaciones de la época ubicaron entre más de medio millón y unas 700.000 personas.

Un viaje pastoral en medio de la guerra
Juan Pablo II llegó al país el 11 de junio de 1982, cuando la Guerra de Malvinas entraba en su etapa final. Pocos días antes había visitado Gran Bretaña, en una gira pastoral programada con anticipación. Desde Ezeiza explicó que venía a expresar su cercanía con los argentinos y definió la visita como pastoral y eclesial. Su llamado a la paz, pronunciado después de recorrer los dos países enfrentados, tuvo también una fuerte repercusión política y diplomática.
El viernes 11, a las 8.50, el avión de Alitalia aterrizó en Ezeiza, luego de una escala en Río de Janeiro. En el aeropuerto lo recibieron el presidente de facto Leopoldo Fortunato Galtieri, autoridades civiles y militares, el cardenal Juan Carlos Aramburu, arzobispo de Buenos Aires, y el nuncio apostólico Ubaldo Calabresi.

De Ezeiza a la estación de Morón
Desde el aeropuerto, el Papa viajó en el Papamóvil, una camioneta Ford F-350 reacondicionada por el Automóvil Club Argentino. La cabina tenía cristales antibala, una medida de seguridad adoptada después del atentado que había sufrido en 1981. La caravana tomó las autopistas Ricchieri y 25 de Mayo hasta la Catedral Metropolitana, mientras miles de personas esperaban bajo la lluvia a los costados del camino.
En la Catedral Metropolitana, Juan Pablo II oró y se reunió con sacerdotes, religiosos y otros representantes de la Iglesia. Después se trasladó a la Casa Rosada, donde mantuvo encuentros privados con Galtieri y los miembros de la Junta Militar, y rezó en la capilla de la Casa de Gobierno. La cobertura contemporánea de EL PAÍS informó, citando fuentes propias, que en la reunión también se habría tratado el tema de las personas desaparecidas.
Tras una pausa en la Nunciatura Apostólica, emprendió el recorrido hacia el Oeste por la avenida Rivadavia. Pasó por Haedo y llegó a la estación de Morón, donde lo esperaban miles de vecinos en las veredas, los balcones y las terrazas. Morón y Luján fueron los dos únicos destinos del Gran Buenos Aires incluidos en aquella visita relámpago.

La Virgen del Buen Viaje llegó al andén
En la estación lo recibieron el comisionado de facto Ernesto Rodríguez y el entonces obispo de Morón, monseñor Justo Oscar Laguna. Le entregaron una placa conmemorativa y una réplica de la Virgen del Buen Viaje, recordada en las crónicas locales como una imagen tallada en plata.
La previsión inicial era que el Papa ingresara a la Catedral de Morón para rezar ante la patrona del distrito. Como el itinerario se había demorado, la imagen original fue trasladada hasta la estación para que pudiera bendecirla allí. Luego, Laguna le entregó la réplica. La escena quedó registrada en fotografías que el Archivo Histórico de Morón conserva y que circularon también en páginas locales de memoria, como Historia Morón.
Cerca de las 15, Juan Pablo II abordó una formación especial del Ferrocarril Sarmiento, con un coche presidencial acondicionado para la ocasión. Lo acompañó en el trayecto el cardenal Aramburu; en Luján lo esperaba el obispo Emilio Ogñénovich, quien había asumido la sede de Mercedes-Luján el día anterior.
El tren atravesó Castelar, Ituzaingó, San Antonio de Padua, Paso del Rey, Moreno, La Reja, Francisco Álvarez y General Rodríguez. En las estaciones y a lo largo de las vías se reunieron vecinos que aguardaron durante horas para saludarlo. Desde la estación de Luján, el Papa fue hasta la Basílica en un automóvil descapotado, por las calles España, Humberto, Pellegrini y Nuestra Señora de Luján.

La misa en Luján y el regreso en el 501
Esa misma tarde, Juan Pablo II celebró una misa frente a la Basílica de Luján. Rezó ante la imagen de la Virgen y le ofreció la Rosa de Oro que había llevado desde Roma. En su homilía pidió por los muertos y heridos de la guerra y por una paz que respetara la dignidad de las naciones.
Las cifras publicadas permiten dimensionar la convocatoria, aunque son estimaciones: la Cancillería argentina calculó cerca de 700.000 personas en Luján; la crónica de EL PAÍS del día siguiente habló de más de medio millón. La multitud también desbordó las calles de Morón y las estaciones del Sarmiento, pero no hay un total único y verificable de todas las personas que lo vieron durante el recorrido.
El regreso a la estación dejó otra imagen inolvidable. Como la cantidad de gente impedía completar el operativo previsto, el Papa subió al interno 1 de la línea 501, un colectivo destinado al traslado de periodistas. El vehículo se conserva en el Museo Provincial Enrique Udaondo de Luján.

Una visita breve que quedó en la historia
Juan Pablo II pasó alrededor de 31 horas en la Argentina. Esa noche se alojó en la Nunciatura Apostólica, en Recoleta. El sábado 12 se reunió con obispos argentinos y representantes de las conferencias episcopales latinoamericanas; luego celebró la misa de Corpus Christi en Palermo ante una multitud que los medios de la época estimaron en unos dos millones de personas.
La jornada fue histórica porque Juan Pablo II se convirtió en el primer Papa en ejercicio que visitó la Argentina. Para Morón, además, fue una escena excepcional: el paso del Papamóvil por Rivadavia, la bendición de la Virgen del Buen Viaje en la estación y el viaje en tren hasta Luján. La misa de 1982 fue la primera celebración papal en la Basílica; la próxima está prevista para el miércoles 11 de noviembre de 2026, cuando León XIV oficie allí una misa.






