Ituzaingó descendió a la Primera C: una campaña para el olvido y el final de un sueño que duró apenas un año

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El Club Atlético Ituzaingó perdió la categoría y volverá a jugar en la Primera C durante la temporada 2027. El descenso quedó confirmado luego de una campaña marcada por la falta de triunfos, la fragilidad defensiva y una crisis futbolística que el equipo nunca pudo revertir.

El Verde había regresado a la Primera B Metropolitana en 2026, después de conseguir el ascenso mediante el torneo reducido de la Primera C 2025. Sin embargo, el regreso a la tercera categoría del fútbol argentino duró apenas una temporada: Ituzaingó quedó condenado a ocupar uno de los dos últimos lugares de la tabla y perdió la posibilidad de sostenerse en la división.

Una campaña que comenzó complicada desde el inicio

Ituzaingó empezó el campeonato con una derrota 1-0 ante Deportivo Armenio, en el estadio Carlos Sacaan. Luego cayó frente a Villa San Carlos, empató con Brown de Adrogué, perdió contra San Martín de Burzaco y quedó rápidamente instalado en la zona baja.

La tendencia se repitió durante toda la primera rueda. El equipo acumuló empates que no alcanzaron para abandonar el fondo de la tabla y derrotas ante rivales directos, resultados que fueron ampliando la distancia con los equipos que peleaban por evitar el descenso.

Entre los golpes más duros estuvieron las derrotas ante Deportivo Camioneros, Dock Sud, Argentino de Merlo, Deportivo Merlo, Deportivo Laferrere y UAI Urquiza, varios de ellos adversarios directos en la lucha por la permanencia.

Los números que explican el descenso

A falta de las últimas jornadas del campeonato, Ituzaingó disputó 35 partidos, con apenas una victoria, 12 empates y 22 derrotas.

El equipo convirtió 22 goles y recibió 55, con una diferencia de gol de -33. Sumó apenas 15 puntos y permaneció durante gran parte del torneo en el último lugar de la clasificación.

La estadística más contundente fue la escasez de triunfos. Ituzaingó ganó solamente un partido en toda la competencia, una cifra insuficiente para sostenerse en una categoría de 22 equipos, en la que los dos últimos descendieron directamente a la Primera C.

Una defensa vulnerable y un ataque sin respuestas

El descenso no se explica únicamente por la cantidad de derrotas. También por la dificultad del equipo para sostener los partidos cuando lograba ponerse en ventaja o encontraba momentos de buen juego.

Ituzaingó recibió 55 goles en 35 encuentros, una media superior a un gol y medio por partido. Esa fragilidad se hizo especialmente visible en los cruces contra rivales de la zona baja, donde cada error defensivo tuvo un peso decisivo.

En ataque, el problema fue similar. El equipo convirtió solamente 22 tantos y tuvo dificultades para generar situaciones de gol con continuidad. La falta de eficacia terminó transformando muchos empates posibles en derrotas y dejó al conjunto del Oeste sin margen de reacción.

El equipo nunca pudo salir del último puesto

La evolución de la tabla muestra que la crisis no fue producto de una mala racha aislada. Ituzaingó apareció 19.º en la primera fecha, cayó al 22.º lugar en la segunda jornada y, desde la cuarta fecha, quedó instalado en el último puesto.

A partir de allí, el Verde no logró abandonar la posición de descenso. La tendencia se mantuvo durante toda la primera rueda y continuó en la segunda, aun cuando algunos resultados le permitieron acercarse ocasionalmente a los equipos que estaban por encima.

La falta de triunfos impidió construir una recuperación. Cada empate servía para sumar, pero no alcanzaba para descontar la diferencia. Y cada derrota frente a un rival directo profundizaba la crisis.

Un regreso a la B que duró solamente un año

El descenso tiene un impacto especial porque Ituzaingó había conseguido volver a la Primera B después de una campaña positiva en la Primera C 2025.

El club había llegado al torneo reducido tras ser uno de los protagonistas de la temporada y logró el ascenso que le permitió regresar a la tercera categoría del fútbol argentino. Ese logro había generado expectativas entre los hinchas, que soñaban con consolidar al equipo en la B y recuperar progresivamente el protagonismo perdido.

Pero el salto de categoría expuso una diferencia deportiva y estructural que el equipo no pudo compensar. Ituzaingó pasó de pelear por el ascenso en la Primera C a luchar por la permanencia en la Primera B, sin encontrar una identidad futbolística estable.

El contexto de una categoría exigente

La Primera B 2026 tuvo 22 equipos y un campeonato largo, con enfrentamientos de ida y vuelta. La competencia reunió a clubes con historia en el ascenso y presupuestos superiores, como Arsenal, Excursionistas, Talleres de Remedios de Escalada, Villa Dálmine, Deportivo Camioneros y Sportivo Italiano.

El reglamento estableció que los dos últimos equipos de la tabla descendieran directamente a la Primera C. No hubo promoción ni instancia de repechaje para Ituzaingó: el último y el penúltimo perdieron la categoría de manera automática.

Con el campeonato todavía en disputa, Ituzaingó quedó sin posibilidades matemáticas de alcanzar la línea de permanencia. Aunque ganara los partidos restantes, no podía superar la cantidad de puntos que ya habían acumulado los equipos que se encontraban por encima de la zona roja.

Una temporada marcada por la falta de reacción

A lo largo del torneo, el Verde intentó modificar su funcionamiento, pero nunca pudo sostener una racha positiva. Cuando consiguió empatar varios partidos consecutivos, no logró transformar esos puntos en victorias. Cuando buscó arriesgar más, quedó expuesto defensivamente.

El equipo tampoco pudo hacerse fuerte en el Carlos Sacaan. La localía, que debía ser uno de los principales recursos para sumar puntos, no alcanzó para construir una campaña de permanencia.

La falta de resultados generó presión sobre el plantel, el cuerpo técnico y la dirigencia. En un campeonato tan extenso, la ausencia de triunfos terminó provocando que cada fecha se viviera como una final, pero con un margen cada vez menor para corregir el rumbo.

Qué viene para Ituzaingó

Ituzaingó deberá jugar nuevamente en la Primera C durante la temporada 2027. El club tendrá que rearmar su plantel, revisar el proyecto deportivo y definir si intentará regresar rápidamente a la Primera B o si priorizará una reconstrucción institucional y futbolística.

La dirigencia deberá resolver varios aspectos:

  1. definir la continuidad o no del cuerpo técnico;
  2. evaluar qué jugadores continuarán en el plantel;
  3. incorporar futbolistas con experiencia en la categoría;
  4. ordenar el presupuesto para afrontar una temporada en la Primera C;
  5. recuperar el vínculo con una hinchada golpeada por el descenso;
  6. construir un equipo competitivo desde la primera fecha.

El descenso también obligará a revisar el proyecto que se había diseñado para el regreso a la B. El ascenso conseguido en 2025 no pudo consolidarse y el club deberá evitar que la caída genere una crisis más profunda.

El golpe para la hinchada

Para los hinchas de Ituzaingó, el descenso representa mucho más que la pérdida de una categoría. Es la interrupción de una ilusión que había comenzado apenas un año antes, cuando el equipo logró regresar a la Primera B.

El público acompañó al equipo en una campaña difícil, pero la sucesión de malos resultados fue desgastando la esperanza. La sensación final es que Ituzaingó nunca consiguió competir en igualdad de condiciones y que la permanencia comenzó a escaparse demasiado temprano.

Ahora, el desafío será transformar el dolor del descenso en una oportunidad de reconstrucción. El club volverá a la Primera C, una categoría que conoce y en la que consiguió el ascenso hace apenas un año. La diferencia estará en la capacidad de la institución para aprender de los errores y preparar un equipo que pueda volver a competir por objetivos importantes.

El final de una ilusión y el comienzo de una reconstrucción

Puedes poner negrita a todos los nombres propios, a la palabras descatacas y las cifras y los hechos importantes: El Club Atlético Ituzaingó descendió porque ganó solamente un partido, perdió 22, recibió 55 goles y no pudo abandonar el último puesto durante prácticamente todo el campeonato.

La caída confirma que el ascenso a la Primera B no fue acompañado por una estructura deportiva capaz de sostener la categoría. El Verde tendrá que volver a empezar, con la obligación de reconstruir su plantel, fortalecer su proyecto y recuperar la confianza de sus hinchas.

El regreso a la Primera C será inmediato. La oportunidad de volver a la B también dependerá de la respuesta que dé el club después del golpe más duro de la temporada.

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