Fiebre amarilla: aumento de casos, zonas de riesgo y medidas de prevención
El aumento de casos de fiebre amarilla en América del Sur encendió las alarmas de las autoridades sanitarias internacionales. Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), la región experimentó un incremento del 480% en comparación con el año pasado, una cifra que vuelve a poner en foco la importancia de la vacunación y la prevención frente a esta enfermedad viral transmitida por mosquitos.
En su último informe, la OPS destacó que el brote más significativo se registra en Brasil, con 111 casos confirmados y 44 fallecimientos. Le siguen Colombia, con 74 infecciones y 31 muertes, y otros países con brotes activos como Perú, Ecuador y Bolivia. La mayoría de los casos se dieron en personas sin antecedentes de vacunación.
La situación en Argentina y las recomendaciones del Ministerio de Salud
En Argentina, el Ministerio de Salud reforzó las medidas de prevención y actualizó las recomendaciones sobre la vacunación contra la fiebre amarilla, que se aplica en forma gratuita únicamente a residentes y trabajadores de zonas endémicas, es decir, Misiones, Corrientes, Formosa y algunas zonas de Salta, Jujuy y Chaco.
Para quienes viajen a zonas con circulación viral, tanto dentro como fuera del país, se recomienda realizar una consulta médica previa para determinar si es necesario aplicarse la vacuna.
La dosis contra la fiebre amarilla es altamente efectiva, es decir que una sola aplicación brinda inmunidad de por vida. Sin embargo, existen contraindicaciones en bebés menores de seis meses, embarazadas (salvo indicación médica), personas inmunosuprimidas y mayores de 60 años con condiciones de salud específicas.
Qué es la fiebre amarilla y cómo se transmite
La fiebre amarilla es una enfermedad viral aguda transmitida por la picadura de mosquitos infectados, principalmente el Aedes aegypti, el mismo que transmite el dengue, el zika y el chikungunya. Es importante resaltar que no se contagia de persona a persona ni por contacto con objetos o fluidos.
El virus tiene un período de incubación de entre tres y seis días. Los síntomas incluyen fiebre alta repentina, escalofríos, dolor de cabeza, dolores musculares, náuseas y vómitos. En la mayoría de los casos, los síntomas desaparecen entre los tres y cuatro días, pero un pequeño porcentaje de pacientes puede desarrollar una fase tóxica más grave, con hemorragias, daño hepático o incluso falla multiorgánica.
Ante la aparición de estos síntomas, es fundamental consultar al sistema de salud y evitar la automedicación, ya que algunos fármacos antifebriles pueden agravar el cuadro clínico.
Prevención y cuidados ante el avance de la fiebre amarilla
Además de la vacunación, la prevención del mosquito transmisor es una de las medidas más efectivas para evitar el contagio. AL igual que con el dengue, se recomienda eliminar recipientes que acumulen agua, utilizar repelentes, vestir ropa clara que cubra brazos y piernas, y colocar mosquiteros en puertas y ventanas.





