Sueñan los rugbiers con dioses Muerte en Villa Gesell Diario Anticipos

Muerte en Villa Gesell

Sueñan los rugbiers con dioses mortales. Puede que sí, puede que quieran poner a prueba si aquellos humanos demasiado humanos, soportan una la vida difícil bajo del mundo cruel en que la ingenuidad se disipó y creció la violencia.

Sueñan los rugbiers con dioses mortales. En tiempos violentos vivimos en una sociedad que dice a gritos «te deseo la muerte» para que se acabe la violencia. Es el fin del dolor, del sufrimiento. Matar y matar al otro.

(por Andrés Llinares).- Desde que dos semanas atrás, el grupo de 10 rugbiers ataca y mata a Fernando Báez Sosa, las redes sociales están llenas de pedidos de muerte, mutilación, empalamiento, violación, cadena perpetua y vejación. Es es castigo no escrito que desea gran parte de la sociedad.

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Es fácil de encontrar un posteo en las cloacas más violentas de la comunicación anónima que se construye cotidianamente a través de Facebook y aún más desde Twitter, la única red social que no tiene ningún elemento de censura ni regulación.

Están al alcance de cualquiera para decir cualquier cosa atrincherados detrás de un celular que no es fácil de localizar.

Sueñan los rugbiers con dioses: La inseguridad como una cuestión política

Todos los imputados tienen entre 18 y 20 años y la mayoría pertenece al Club Náutico Arsenal de Zárate.

Para ellos, la violencia es una fin en si mismo. No tiene objetivos. Menos materiales. No se sienten ladrones, ni delincuentes. La puesta a prueba del dominio es de otro orden social.

Máximo Pablo Thomsen (20), es hijo de la ex secretaria de Obras Públicas del Municipio de Zárate, la arquitecta Rosalía Zárate.

Los hermanos Ciro (19) y Luciano (18) Pertossi, son hijos de una docente y de un jefe de la Automotriz Toyota.

También está detenido su primo, Lucas Fidel Pertossi (20), uno de los más cuestionados por sus posteos en las redes sociales.

También Alejo Milanesi (20), hijo de una docente y de un profesor de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN). Y Juan Pedro Guarino (19), hijo de un médico.

Los otros detenidos son Matías Franco Benicelli (20), Ayrton Michael Viollaz (20), Enzo Tomás Comelli (19) y Blas Cinalli (18).

Hijos de profesionales, blancos, burgueses, educados, con futuro de los que nadie se hace cargo. Así como la gente humilde y de tez latina se la deshumaniza bajo la línea narrativa de «negros de mierda», a los rugbiers se los deshumaniza con la palabra «animal» o «loco».

Lo peor es que no lo son, son hijos de este modelo violento e intolerante.

Después de todo, la misma violencia que nos somete a la soledad y al encierro, a las alarmas y satélites, a la desconfianza y a la paranoia, es la que queremos que se le aplique a los rugbiers. A los diez, a uno frente al otro. Una cárcel en la que no puedan vivir ni enteros ni tranquilos porque ya no se lo merecen nunca más en lo que les queda de historia algo de humanos.

La condena no es el encierro, es tortura y aberración. Se trata de una temporada en el infierno con un guía como Diosito.

Esa es la mejor condena que pueden tener aunque luego la sociedad ilustrada y progresistas se viste de blanco y lagrimea cada vez que se habla de pena de muerte o negros de mierda.

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Exorcizar el horror, con terror. Purificar la vida, con la muerte. Oponer a la fuerza, más violencia; y al sufrimiento irremediable, el sufrimiento continuo, dentro del sistema carcelario bonaerense, como pena sin condena, es lo que desea una sociedad que se piensa humana aunque roza lo bestial.

Y todo esto ocurre en la misma comunidad en la que se formaron los rugbiers asesinos.

Sueñan los rugbiers con dioses mortales

En Vigilar y Castigar, uno de los libros más brillantes de Michel Foucault, el filósofo francés narra la ejecución de Damiens.

«Fue condenado, el 2 de marzo de 1757, a pública re­tractación ante la puerta principal de la Iglesia de París», adon­de debía ser «llevado y conducido en una carreta, desnudo, en camisa, con un hacha de cera encendida de dos libras de peso en la mano«; después, «en dicha carreta, a la plaza de Grève, y sobre un cadalso que allí habrá sido levantado [deberán serle] atenaceadas las tetillas, brazos, muslos y pantorrillas, y su mano derecha, asido en ésta el cuchillo con que cometió dicho parrici­dio, quemada con fuego de azufre, y sobre las partes atenaceadas se le verterá plomo derretido, aceite hirviendo, pez resina ardien­te, cera y azufre fundidos juntamente, y a continuación, su cuerpo estirado y desmembrado por cuatro caballos y sus miembros y tron­co consumidos en el fuego, reducidos a cenizas y sus cenizas arro­jadas al viento».

Esta fue la condena a Damiens a quién finalmente «se le descuartizó, refiere la Gazette d’Amsterdam. Esta última operación fue muy larga, porque los caballos que se utilizaban no estaban acostumbrados a tirar; de suerte que en lu­gar de cuatro, hubo que poner seis, y no bastando aún esto, fue forzoso para desmembrar los muslos del desdichado, cortarle los nervios y romperle a hachazos las coyunturas».

La Gazette d’Amsterdam publicó el texto tal como se lo lee aquí el 1  de abril de 1757, e incluso la crónica aún era más larga porque el descuartizamiento fue accidentado.

Ahora bien, ¿por qué se enciende la fiesta pública punitiva nuevamente? Porque exorciza las culpas cotidianas, diarias, de cada uno de nosotros, los adultos, en esta sociedad violenta en la que se puede hacer una película llamada «Relatos Salvajes» que nos refleja aunque ninguno se haga cargo, ni se reconozca, y a todos y cada uno les parezca brillante y muy divertida.

Nos reímos porque «son otros» los que viven situaciones violentas que no reconocemos como pares sino como buenos actores.

Después de los rugbiers asesinos, ¿qué pibe no es bueno? El que se llevó seis materias, es bueno; el que le sacó el auto al padre para dar una vuelta por el barrio, es bueno; el que probó la marihuana, es bueno; el que tomó una metanfetamina, es bueno.

Ninguno supera la línea del exceso, de la transgresión irreversible, del asesinato, el calvario y la pasión. Excepto los rugbiers, el resto son todos buenos pibes.

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Sueñan los rugbiers con dioses: la juventud ingenua y la vida real

Así que los rugbiers deben ser condenados para que todos respiremos una juventud más cerca a La Banda del Golden Rocket que la callejera, la que comete errores, la que vive en un mundo de cinco sentidos y tres dimensiones.

Para que reconocer que Argentina y su juventud tiene un problema con el alcohol y las drogas, para qué pensar que el vicio se instaló desde hace años como parte de la vida nocturna.

Ya no se trata de actos de furia, ni de conquistar señoritas. Ya no se trata del Club del Clan ni la sonrisa de Jolly Lang ya no se trata de jugar a la botellita, ni de los bailes con palos de escoba, ni de la nueva ola, toda la tira de tonterías con las que se crío el más 50 para enseñarle a sus hijos que la «viveza» es algo muy distinto y más carnal.

Un mundo repleto de hedonista en el que la impunidad es parte del azar y los deportes ya dejaron hace tiempo de ser juego de niños.

Los rugbiers son el excepción y no la regla de la noche en que se transgrede absolutamente todo para que el alcohol, las drogas y el sexo se traduzca en un negocio irrefrenable a cualquier hora y lugar.

O acaso nadie piensa que ocurre cada fin de semana en las veredas de Scombro (Ruta 8 cruce con Ruta 197, José C. Paz); Tropitango (Colectora Panamericana 29131, Talar de Pacheco) o Jesse James (República del Portugal 3172, Isidro Casanova).

Y nada tiene que ver con el lugar, la gente o la procedencia.

En la fiesta final electrónica de la Time Warp, que convocó a miles de jóvenes en Costa Salguero murieron cinco por el consumo de éxtasis.

Pero resulta que los rugbiers o están locos o son excepciones o hijos del poder impunes. Nada es cierto.

El Grupo de los 10 está muy pero muy cuerdos, tanto, que fueron capaces de asumir los códigos jamás escritos de una sociedad enferma en donde no se enseña la decencia, la honestidad ni la humildad como valores cotidianos, sino a defenderse y despreciar al débil porque no tiene mérito alguno en un país que premia los valores materiales y descarta cualquier logro intelectual; en en un país al que endeudan hasta el exceso nuestro líderes políticos y nos doblan hasta votar a dirigentes corruptos.

El Grupo de los 10 hizo que lo pensó que tenía que hacer, con la mínima excepción de que en este caso se excedieron, apenas, y mataron a Fernando.

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Sueñan los rugbiers con dioses: hacerse cargo

Por supuesto que no se trata de un grupo de valientes. Son muy jóvenes para ser valientes. Son inconscientes del daño que ocasionaron a Fernando, a ellos, a todos los familiares a su alrededor.

Pero purgan todos nuestros graves defectos que atravesamos diariamente.

Diez pibes que cometieron un error imperdonable e irreversible irán a la cárcel para demostrar que ellos, y sólo ellos, comparados a las pequeñas faltas nuestras, desequilibran el mundo y nada tienen que ver con nosotros que estamos todo el día haciendo esfuerzos gigantescos para que no se salga de su carril.

Si queremos pensar esto, adelante. Podemos soportar una enfermedad durante años aunque sea terminal.

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Pero mientras hay castigados, repudiables y locos sueltos, la violencia puede seguir su curso, su marcha, porque nos hará sentir cruzados de la paz. Una mal chiste, una mueca perversa, para una época negra.

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