Fernández, Cristina, Mauricio y una vacante

Fernández

Fernández, Cristina, Mauricio y una vacante. Siete de cada diez argentinos están decepcionados o rechazan el plan económico del país. De ese 70%, un 35% adhiere a Unidad Ciudadana/PJ y el resto a fuerzas menores.

Fernández, Cristina, Mauricio y una vacante. Si hay un 30 % a favor del Gobierno Nacional y un 35% en contra, significa que el resto del electorado llega a otro 35% y se reparte entre Alternativa Federal, Progresistas y el FIT.

Lo que esta claro, es que nadie represente las aspiraciones de la gente, las demandas populares. Nadie hoy es mayoría. Tampoco hay un proyecto político consolidado.

Que nada cambia desde hace décadas para que los hijos de siempre gobiernen a los hijos de nadie, es una muestra de la consolidación de la dirigencia política como un apartado de los sectores populares.

Esto atraviesa a las principales fuerzas polìticas y las convierte en partidos conservadores. Acá nadie esta a punto de cruzar Los Andes pero todos son los salvadores de la Patria.

Hoy, el poder, el poder político, es mera corporación. Una representación hedonista de ilustrados. Vanguardia con o sin masas. Con masas Unidad Ciudana/PJ y sin masas, Cambiemos.

Es tan claro la capacidad corporativa de la polìtica, que a un empresario como lo es Mauricio Macri, le oponen un “operador del poder” desde Unidad Ciudadana/PJ como es Alberto Fernández.

De nuevo: el poder como corporación y como corporación, mutó en dispositivo conservador.

Las responsabilidades son varias.

Cambiemos desperdició la palabra fundante que lo llevó al Gobierno Nacional, a de la Provincia de Buenos Aires y decenas de intendencias, entre ellas varias del conurbano.

La palabra fundante fue “Cambiemos”. Y el país ni cambió ni exhibe las coordenadas, la dirección del cambio.

Finalmente, Unidad Ciudadana tuvo que replegarse en el PJ y elegir, entre varios buenos candidatos, a un operador del poder.

Cristina Fernández de Kirchner ya esta harta, cansada, desgastada, complicada y sola en Latinoamérica para seguir adelante con lo que fue la oposición y hoy es Gobierno Nacional, contra el Aparato Judicial que mete presos y no castiga, y los medios concentrados que muestran cada caso como una serie.

Con Alberto Fernández, Cristina Fernández de Kirchner pidió una tregua. Y si gana, una salida por la puerta grande.

Para lograr la tregua y la salida, decide poner al frente de la fórmula a un hombre del poder. Alberto Fernández no emerge del territorio como lo hizo Carlos Menem o Néstor Kirchner. Sale de todas las mañanas de Puerto Madero, de los cafés elegantes y los paseos por Europa, de las mesas de diálogo y los Whatsapp conciliatorios. Alberto Fernández es el diálogo con aquellos actores de la política, de la industria, del campo, con los que el cristinismo ya no puede hablar.

Por eso Cristina pactó con un sector del poder que representa Alberto Fernández.

La militancias emotiva y romántica lo lee como un gesto de grandeza, como una estrategia brillante, como una revelación más de la heroína, Cristina Fernández de Kirchner, como una exhibición de su inteligencia y la humildad de la renuncia.

El cristinismo es un sujeto político que se piensa ilustrado pero que no gestiona y sólo tiene una gran gimnasia a la hora de exponenciar cualquier conflicto.

El cristinismo es capaz de frenar una injusticia. Pero no de solucionarla de una vez y para siempre Puro jacobinismo. La buena voluntad como estado permanente. Un Plan de Operaciones Especiales sin respaldo. Un morenismo chillón que evita subirse al barco que lo llevará al deceso.

Cristina lo sabe y sino lo sabe lo siente. Y por eso hace el recorrido lento pero segura.

Si el primer libro que lanzó fue bajo un título emotivo fue en primera persona, “Sinceramente”, el segundo que ya se lanza se llamará “Cristina Fernández de Kirchner. Una Política Exterior Soberana”. Tambièn la primera persona y un subtítulo sin sujeto que es aseverativo.

El Yo en los dos libros. En el primero caso es un relato del tipo “yo te cuento qué pasó”. El segundo, “yo les digo que tienen qué hacer”·

Consejos para todos los argentinos y latinoamericanos. Cristina construye su figura de estadista y deja por escrito el legado.

Por su parte, Mauricio Macri, la única chance que tiene de salir por la puerta grande, tampoco será capaz de cumplirla como no cumplió ninguna medida de gobierno que prometió durante su campaña.

El hombre es coherente. Testarudo. Duro. Impenetrable.

Pero el trauma de pensarse como el gran SEO de una empresa llamada Argentina, lo expande a la sociedad. El y sólo él sabe qué necesita Argentina como si fuera una construcción abstracta y no una geografía repleta de humanos. Otro rasgo característico de cualquier sujeto ilustrado.

La chance que tiene Mauricio Macri es terminar su mandato, que un cúmulo de errores, y bendecir a la fórmula más potente que lo sigue: Horacio Rodríguez Larreta (Jefe de la Ciudad de Buenos Aires) y María Eugenia Vidal (Gobernadora de la Provincia de Buenos Aires).

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Larreta y Vidal son ganadores. Y entre los dos, administran y traccionan el 45% del Padrón Nacional Electoral. El 37,01% de los electores vive en la Provincia de Buenos Aires. Y 7,96% en Capital Federal.

Pero no. Mauricio Macri no se va a retirar la pelea. Macri ¿qué piensa? Piensa que todos llegaron a un cargo gracias a él. Que su empresa se llama Cambiemos y Cambiemos es propietaria de Argentina.

Macri es dueño y por lo tanto, discute con empleados. Cristina es jefa, y debate con subalternos.

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En esta contradicción, la contradicción entre dueño y jefe, la salida es el acuerdo. Y eso es Alberto Fernández.

Un acuerdo entre corporaciones políticas conservadoras.

Alberto Fernández es la negociación constante en los rincones más lejanos del día. Es la articulación de intereses en la noche más pesada. Es el aplomo del médico que sabe que su paciente nunca muere aunque siempre enferma.

Alberto Fernández no transmite entusiasmo porque jamás quiso entusiasmar a alguién. Alberto Fernández transmite tranquilidad.

Pero no. Falta que La Cámpora, Nuevo Encuentro, el Partido Comunista, los Movimientos Piqueteros y Página/12 salgan a decir que es la encarnación de Mariano Moreno, quizás de Juan Manuel de Rosas, o que es el hombre que le dará pelea al capital concentrado, a las corporaciones extranjeras y a los bancos que absorben diariamente el trabajo argentino traducido en billete dólar.

Pero es otra cosa Alberto Fernández que el grupo emotivo que rodea la Jefa que no conduce y asevera, no puede ni quiere ver.

Alberto Fernández es más Emmanuel Macron y menos Nicolás Maduro. Es menos Cuba y Venezuela y más Francia y París.

Es una salida social al conflicto económica sin poner dentro del esquema de las negociaciones el modelo de Mauricio Macri que se referencia con el Presidente Donald Trump pero al revés.

Es al revés porque mientras Trump da pelea económica en el mundo, principalmente contra Rusia, Brasil y China; mientras penetra en Medio Oriente, la Argentina de Mauricio Macri toca a la puerta de la Casa Blanca para saber qué quieren de nosotros como si fuéramos un factor de poder en Occidente.

Es imposible robarse un PBI como mintieron la tira de periodistas nacionales que no tiene credibilidad alguna. Porque el periodismo se transformó en parodia, en un circo de variedades en donde hay que mostrar un buen informe, alguna mujer bonita y algo de humor para medir. La televisión se cae y la desesperación atraviesa a todos los periodistas. Al punto que tipos con un poco de reconocimiento como Daniel Santoro termina confesando que fue la dinámica del trabajo que lo llevó a cometer el imperdonable error de vincularse a Marcelo D’Alessio.

En los últimos 20 años, el periodismo actual mutó como lo hizo la gente arriba del Titanic. Mientras marchaba a destino, todo era gala y smoking. La posibilidad cierta de hundirse, sacó lo peor de cada uno.

Alguién considerado un “grande” en materia de investigaciones o denuncias sólidas, desde hace años mutó en showman aunque sin cambiarse el nombre: Jorge Lanata.

Lanata. Un sujeto social que armó un híbrido entre el periodismo de denuncia y la ironía a lo Tato Bores dos décadas después ya no logra sorprender a alguien. Es una pieza más de los aparatos ideológicos. No invita a nada, menos a la reflexión.

En esta Argentina sin reflexión, todo va a camino a una confrontación fuerte, brutal. La confrontación por la presidencia de la Naciòn.

Alberto Fernández, como hombre del poder, es el candidato de la industria, las contratistas y las empresas de servicios. Macri el hombre del campo, de los productores de energìa y las finanzas.

Eso es uno y otro y ninguna otra cosa. El resto son derivados. Detrás de cada uno, de cada dirigente argentino, latinoamericano, occidental, hay intereses económicos. Esa es la política, la pelea por la distribución.

Se esconde, se le ponen globos amarillos o pañuelos blancos. La verdad, la de tres dimensiones y cinco sentidos, es quién genera excedentes y cómo se reparten.

Entre un proyecto y otro, entre potenciar la industria nacional, ordenar las contratistas y las empresas de servicios, y sostener un campo que lo único que quiere es exportar, blanquear el dinero en bancos extranjeros y recibir dólares para viajar o vivir en el exterior, Alberto Fernández simula un hombre de centro izquierda ante un liberal agro exportador como Mauricio Macri.

No esta en juego una reforma agraria. No esta en juego que aquellos que cobran del estado y son servidores públicos, dejen de transferirle a conciencia recursos públicos al sector privado como lo hace un juez, un diputado o un senador cuando pagan un colegio para sus hijos o la mejor cobertura de salud para su familia. No esta en juego una reforma electoral en donde las campañas sean económicas, prácticas y representativas. No esta en juego una reforma judicial con participación ciudadana. No esta en juego la elección de jueces con participación popular. No esta en juego una reforma de las fuerzas de seguridad y defensa nacional integradas a la sociedad civil. No esta en juego nada de esto. No esta en juego quiénes podrán ser los dueños de los bienes de producción.No esta en juego achicar los latifundios y redistribuir las tierras. No esta en juego des conurbanizar la Provincia de Buenos Aires.

Lo que esta en juego es lo de siempre y que jamás cambia: ¿cómo distribuir la renta?

Lo que esta en juego en esta elección son dos bloques económicos tradicionales, conservadores. Uno capaz de re ordenar el sentido de la economía, el de Alberto Fernández. El otro, con la necesidad de agrandar la brecha entre propietarios de Argentina y los que menos tienen, que es el proyecto de Mauricio Macri.

Pero tengamos en cuenta que “nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos” dijo Pablo Neruda en “Puedo Escribir los Versos más Tristes esta Noche”, para nunca jamás equivocarse.

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