La Argentina Violenta: De Alperovich a Carrió

La Argentina Violenta

La Argentina Violenta: De Alperovich a Carrió. Sexo y Muerte como consignas. José Alperovich fue tres veces gobernador y se mostró machista y rídiculo frente las cámaras de televisión al dirigirse a una periodista. Elisa Carrió es diputada nacional desde 1995. Si tenés 56 años, la mitad de tu vida Carrió vivió de su dieta de diputada.

La Argentina Violenta: De Alperovich a Carrió. Sexo y Muerte como consignas. Todo comenzó cuando los periodistas Carolina Servetto e Indalecio Sánchez entrevistaban al ex gobernador José Alperovich en el programa “Buen Día”, que emite La Gaceta Play.

El senador es candidato a Gobernador por la lista “Hacemos Tucumán”. Quiere un cuarto mandato. Eso dijo. Y sino gana, se va a pasear a Miami. Eso dijo también. Dos cosas totalmente repudiables.

También le dijo a Carolina Servetto: “Esta chica me encanta, es el perfil que a mí me gusta”, (…) “a mirar más tranquilo a esta preciosura”, “no te sale ponerte mala”, “me hacés acordar a mi señora vos”. Cuatro frases en menos de dos minutos.

Frases de un hombre mayor, padre, abuelo, en público, en televisión, en un set de televisión al que se lo invitó para hablar de su candidatura a Gobernador.

Carrió dijo sobre el ex Gobernador de Córdoba que murió en un accidente de tránsito. “Gracias a Dios murió De la Sota, porque ahí sabrían qué es una denunciadora.”

Carrió dijo que había que dar más propinas y que el dólar no iba a subir cuando estaba a $23.

Son dos caras de la violencia institucional argentina, dos caras opuestas de la misma violencia.

La Argentina Violenta en todos lados

La violencia verbal que motoriza la violencia física. La palabra que se transforma en un hecho material. De la idea a la acción. Meter en el mundo simbólico el deseo impune del hombre del poder (Alperovich). El designio de Dios como acto de justicia (Carrió).

Es la Argentina abyecta y desalmada en la que los dirigentes exigen esfuerzos que ellos no son capaces de cumplir. Ni le interesa, ni les importa, ni quieren. Es más, les gusta cumplir ese papel. El papel del violento y por violento cobarde. Incapaces de transformar algo, socios de los bloques de poder.

El país es inviable como si un territorio fértil delimitado por un mapa luego de pólvora y sangre, tuviera algo que ver.

Como el Otro y no Uno es el problema, se transforma en algo a resolver, pulir, erosionar, contener, reducir y en el peor de los casos, eliminar de una vez y para siempre.

Vivimos en un contexto que se disipa por en el deseo reducido a lo genital y la muerte como solución.

Cuando esto se traslada a la calle, vemos la emergencia del femicidio como síntesis.

Violencia es la ruptura de la palabra, la carencia de representatividad y el dominio de las corporaciones, sean judiciales, financieras o productoras de alimentos.

No hay una salida, no hay solución, no hay destino, cuando aquellos que deben representarnos ordenan, mandan y prometen cosas que no cumplen ni pueden, ni quieren hacer cumplir.

Hoy, nadie consigue un producto básico, elemental, como un litro de leche entera a un precio razonable para darle a sus hijos en el país del campo y las vacas en el que la retenciones eran frenar el crecimiento y achicar la Nación.

Pero el problema son las adolescentes que se embarazan para cobrar un Plan Social y no la corrupción que atraviesa todos los estadíos y nadie le preocupa ni le va a preocupar.

Vamos de un proyecto de país, a uno más chico, de partido político, a otro más chico aún, de espacio político, al más pequeño que uno puede imaginar: el equipo en su versión liberal o el buró político en su versión de izquierda.

La Argentina Violenta en todos lados

El reduccionismo y la fragmentación son las trayectorias para la dispersión. Armar un proyecto de país con pedazos deshechos de una sociedad en la que los dirigentes son maltratadores seriales en estado de impunidad permanente.

Si la calle arde, es porque somos rehenes de toda esta mediocridad que toleramos desde hace décadas, desde los programas bizarros de televisión hasta los informativos o de opinión financiados por los Servicios de Inteligencia del Estado.

La calle responde a esa violencia de manera lateral. Hacia un lado o el otro porque somos parte del problema.

Si Enrique Santos Discépolo tiene razón y resulta que es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio, chorro, generoso o estafador, es porque lo queremos, lo deseamos, porque el sistema, porque en Argentina, no paga el esfuerzo, la inquietud, la experiencia, el trabajo, el conocimiento.

Y no paga por los ejemplos de personas como Alperovich, como Carrió y muchos más que enfocan los canales de televisión porque nos encanta el escándalo, el show y lo bizarro, tres cosas que después de todo, son más fáciles que ponerse a leer, pensar o debatir.

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