Luis D’Elía en el piletazo por la República, el Progreso y la Civilización

Luis D'Elía en el piletazo

Luis D ´Elía tiene un problema, y el problema que tiene es con Luis D ´Elía. Quiere atrapar el centro. De acá este artículo: Luis D ´Elía en el piletazo por la República, el Progreso y la Civilización.

(por Andrés Llinares).- Luis D’Elía en el piletazo por la República, el Progreso y la Civilización suena, de inmediato, al revés. Porque el piletazo fue una protesta por la condena a la dirigente jujeña Milagro Sasla. Pero D’Elía es show. No es el único show. Pero el show de D’Elía es bastante bueno.

A Luis D’Elía no le importa cómo ni cuándo debería hacer el show. Cada oportunidad que tiene lo exhibe porque es un show callejero. Tampoco a quién le hace daño, porque como es un show gratuito,
Luis D’Elía lo despliegue donde sea. 

Este problema que tiene Luis D’Elía debería tratarlo con un psicólogo y no resolverlo frente a los medios.

Pero el show de Luis D’Elía sirve. Le sirve a todos aquellos que piensan que el camino es la República, la Civilización y Progreso. Le sirve a todos los que suponen que hay un hilo conductor entre la Generación del ‘ 37, la del ‘ 80 y la actualidad que interrumpió Juan Manuel de Rosas, Hipólito Yrigoyen y Juan Domingo Perón.

Pero Luis D’Elía en el piletazo por la República, el Progreso y la Civilización nada de esto le importa.

Al resto sí. Y mucho. Para ellos, en una mala caracterización, Luis D’Elía, es un asco.

Pero Luis D’Elía no es un asco. Luis D’Elía es grotesco.

La oposición monta un piletazo en Plaza de Mayo, ni en Los Polvorines ni en La Tablada, sino en el microcentro porteño, a pocas cuadras de Palermo Hollywood, ahí monta el piletazo por la libertad de la dirigente social jujeña Milagro Sala condenada a 13 años de prisión en un país en el que nadie va en cana (Domingo Cavallo es ejemplo maravilloso de esto), y entonces Luis D’Elía prepara su show.

Cuando los creyentes del aparato formal de gobierno llamado República, los mismos que piensan en términos de Civilización, la que que se va consolidando a través de las matanzas, y el Progreso, que siempre se exporta en cuentas off shore al exterior, cuando los creyentes de todo esto quieren exhibir que es lo opuesto, o sea, lo inferior, el desgobierno, la barbarie y el retroceso, exhiben a
Luis D’Elía porque Luis D’Elía con su problema, con ese deseo de ser el centro de universo, no mide consecuencias.

Entonces en el piletazo por la libertad de Milagro Sala se tira en cuero y monta su espectáculo. Milagro Sala queda muy por detrás. El reclamo se disipa alrededor de Luis D’Elía por más que toma las pancartas con el rostro de la jujeña. Luis D’Elía esta bien adelante. Es llamativo su show y no por lo sofisticado sino por lo grotesco.

¿Quién pone delante de todo a Luis D’Elía ? Nadie.
Luis D’Elía se pone sólo. No hace falta que nadie lo persuada porque tiene un show poco pensado pero efectivo. Y los medios de comunicación y la militancia digital lo multiplica y lo amplifica hasta invadirlo todo.

Ahí esta, esa es la barbarie, el desgobierno, el retroceso, es Luis D’Elía, un argentino morocho, en cuero, excedido de peso, dentro de una pileta en Plaza de Mayo sonriendo para las cámaras. Es el Luis D’Elía en el piletazo por la República, el Progreso y la Civilización.

Un espectáculo de varieté del siglo XIX. Eso es Luis D’Elía.

Luis D’Elía no tiene nada que ver con los trabajadores que llegaron a la misma Plaza de Mayo un 17 de octubre de 1945 y metieron sus pies en las fuentes.

Ninguno de esos trabajadores lo hizo para llamar la atención. Por eso justamente no llamaron la atención ni en ese entonces ni ahora. Lo que llamó la atención de las autoridades que gobernaban el país en 1945, fue la cantidad de gente que participó del 17 de octubre y que no quería irse a su casa.

Pero Luis D’Elía llegó, armó su pileta, se puso en cuero, se metió al agua, sonrió para los fotógrafos profesionales, se sacó selfies con militantes, salió, se secó y se fue vaya a saber uno a donde.

De ese lapso de tiempo, de esta acción pre política, Luis D’Elía queda más cerca de la tierra que del cielo. Tiene que ver más con lo grotesco con lo racional. Con lo animal que lo humano.

A lo grotesco e irracional, se contraponen aquellos que tiene nauseas por la foto de Luis D’Elía porque creen en la seriedad, la razón y el mundo cool donde suena Miranda y no Ráfaga.

Pero apa, es la seriedad y la razón que dispara los costos fijos, arrasa las PyMEs, aumenta todo hasta hacer imposible adquirir productos elementales para alimentarse, desplaza tarifas hasta el cielo para que volvamos a la Argentina post migratoria del siglo XIX, deshace el Ministerio de Salud y el de Trabajo en un abrir y cerrar de ojos y toma dinero de organismos internacionales consciente de que ellos jamás lo van a pagar y el país tendrá que asumir los costos.

Así que esta claro: Todo lo que es República, Civilización y Progreso, todo lo que es seriedad y razón, no incluye a Luis D’Elía , el militante bizarro que no calcula consecuencias, y esta bien, porque para calcular hay que estar del lado se la seriedad y la razón.

Entonces emerge la foto una y diez mil veces porque es la foto del momento, la foto loco que afirma el buen camino, el camino de la República, la Civilización y el Progreso. La foto de un Luis D’Elía payaso que sirve como marca cultural para que cada uno tome partido.

Todos los que no quieran ser Luis D’Elía deben sumarse a la apuesta, cara si las hay, de la República, la Civilización y el Progreso.

O se esta del lado del grotesco o del lado de la seriedad. Hay que elegir. Y tenés que elegir vos.

La simbología funciona a la perfección. Para no ser un rídiculo, para no ser bizarro, para no ser grotesco, tenés que pagar lo que consumís y sale lo que vos no decís sino lo que dicen los adherentes a la República, el Progreso y la Civilización.

Es la historia del buen burgués. Si trabajás, sos propietario, y si sos propietarios, te alcanza para pagar todos tus gastos. El que se arregla en la vida es bueno. El que no malo. Malo es Luis D’Elía que quiere subsidios y planes sociales y vos no. Vos querés laburar. Laburar para dejarlo todo en productos alimentaciones y tarifas de servicios, pero te enseñaron eso y es lo que vas a hacer.

Sino, sos Luis D’Elía. Así que a ver, ¿qué sos?

Y viene la respuesta: “Luis D’Elía , no, no, no”. Bueno, entonces pagá, y sino podés, recortá gastos, y sino podés, conseguite otro trabajo, y si así y todo aún no podés, es porque no vales nada en una sociedad que premia de manera individual y no colectivq los logros personales.

Resulta que los Luis D’Elía están todos en la calle, todos protestando, mientras que vos, que sos serio y racional porque sos parte de la República, el Progreso y la Civilización, trabajas el doble, pagas cinco veces más caros los servicios, en tu familia hay algún despedido, ya no podés ahorrar, dejaste de irte de vacaciones y vas cambiar a los chicos a un colegio público para achicar gastos, porque es un asco ser Luis D’Elía.

Sirve que Luis D’Elía transforme una práctica política romántica en un show grotesco, bizarro y de varieté. Sirve, y cómo sirve, para que vos no te sientas parte de esos negros en cuero con sobre peso en una pelopincho sin entender que estas en un lugar aún más complicado que él.

A Luis D’Elía no le molesta estar gordo, ser morocho, ni tener sobrepeso. A Luis D’Elía le molesta, en parte lo mismo que vos. Pero vos no querés ser Luis D’Elía. Y mientras Luis D’Elía disfruta del piletazo, vos te encerras en tu casa, no prendés el aire acondicionado y lanzas un insulto detrás del otro por las cosas que hace el “gordo payaso”.

Luis D’Elía será el gordo con tetas como dijo despectivamente Alfredo Caseros, pero que no sufre ajuste, ni recesión, ni tarifazos ni la inflación que sufrís vos porque transforma la angustia en pelea.

Porque el problema no es el gordo grasa que te quieren mostrar, sino el tipo recto que sos vos que pensás que vale la pena apostar por lo serio y la razón como si este modelo fuera el camino más fácil de llegar al Progreso y la Civilización.

Pensalo.

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