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Ocurrió en García Silva 1140. El joven de 18 años, Juan Ramón Celli, era vecino de la víctima, Carlos Castro. Le pegaron con un caño de fibrocemento en la cabeza. Murió en el acto. Y luego escondieron el cuerpo en un galpón.

Carlos Enrique Castro tenía 52 años y dificultades intelectuales. Vivía solo en su casa de García Silva 1140 en Morón Centro. El viernes 10, a las 22:00, recibió en su domicilio la visita de su vecino, Juan Ramón Celli (18), quien llegó acompañado de dos amigos, M.H.H. (16) y J.E.C (17). Carlos les abrió la puerta. Los invitó a pasar y les pidió que se sentaran en el comedor. Mientras los dos menores se acomodaban en el sillón, Juan Ramón se sentó en la mesa junto al dueño de casa, a quien conocía. Cómodos, los adolescentes prendieron cigarrillos. También, bebieron cerveza. En la casa se encontraron cuatro botellas vacías. Aunque se desconoce qué cantidad de alcohol ingirieron, la policía confirmó que no hubo ni cocaína ni marihuana.

La madrugada del sábado transcurríó con normalidad en el domicilio de Carlos. Conversaban, bebían, fumaban. Pero a las 08:45 ocurrió lo peor. A esa hora la casa de García Silva 1140 se convirtió en el escenario de la historia de terror más conmovedora que se recuerde en Morón: uno de los tres adolescentes (todavía se desconoce cuál) fue hasta el patio delantero de la vivienda y agarró un caño de fibrocemento. Tras ingresar a la casa, le pegó un golpe fortísimo en la cabeza a Carlos. El impacto le hundió el cráneo. Y murió en el acto.

Con la intención de retirar a la víctima de la escena del crimen, los adolescentes le colocaron un cinturón en el cuello. Luego de envolverlo con dos sábanas blancas, lo arrastraron 25 metros hasta arrojarlo en el galpón ubicado en el patio pequeño y oscuro del fondo de la vivienda.

Después del crimen, Juan Ramón y sus dos amigos permanecieron en el interior de la vivienda.

Los movimientos de los adolescentes dentro de la casa de «Carlitos» (así lo llamaban sus conocidos) inquietó a los vecinos, quienes preocupados llamaron a Morón Primera, la Comisaría ubicada a tres cuadras del lugar.

El patrullero llegó tres minutos después. Y a las 11:45 los jóvenes fueron detenidos en la puerta de la casa.

Además de las llaves de la vivienda de Carlos, los adolescentes poseían manchas de sangre en sus manos. Los peritos confirmaron luego que el cuerpo del hombre «fue arrastrado» hasta el galpón y determinaron que las huellas registradas en la casa eran de las zapatillas de los cuatro jóvenes.

La investigación quedó a cargo de la Unidad Fiscal de Instrucción (UFI) 4 de Morón, de Alejandro Jons. Y del Juzgado de Garantías Número 6 de la doctora Lucía Emilce Casabayó.

Juan Ramón está preso en la Comisaría Primera. El domingo se negó a declarar ante el fiscal Jons. Los dos menores permanecen en un Instituto de Menores de La Plata.

Los peritos determinarán si hubo contacto físico entre los adolescentes y Carlos. Es que de las tres camas que el hombre tenía en su casa, dos estaban con marcas de haber sido ocupadas por alguna persona.

Los investigadores tratan de confirmar también el móvil del crimen. Hay tres hipótesis. La primera: a Carlos lo mataron para quedarse con la casa y por eso se llevaron las llaves. La segunda: lo asesinaron luego de una discusión que mantuvieron con bebidas alcohólicas de por medio. La tercera: Carlos y Juan Ramón se conocían y no tenían una buena relación y por eso el joven planeó el crimen.

A Juan Ramón, quien había dejado de vivir con sus padrastros en abril, se lo acusa de «robo agravado por el uso de arma y Homicidio Criminis Causae por haber sido cometido en compañía de menores de edad». Y sus dos amigos están presos por «Homicidio calificado». Según la justicia, los tres tienen posibilidades de recibir reclusión perpetua como condena.

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